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Historia
El Foro Europeo de Ilustradores (EIF) una red fundada recientemente
que integra13 asociaciones de ilustradores de 8 países e incluye:
Aesopos de Grecia, Associazione Illustratori de Italia, Association of
Illustrators (AOI) del Reino Unido, Grafill de Noruega, Illustrators of
Ireland de Irlanda, La Maison Des Illustrateursde Francia, Svenska Tecknare
de Suecia y la española Federación de Asociaciones de Ilustradores
Profesionales (FADIP) formada por Madrid (APIM), Catalunya (APIC), Euskadi
(APIE), Galicia (AGPI) y València (APIV).
Establecida gracias a APIV, su interés es proteger los derechos
de los/as ilustradores/as y la promoción de la ilustración
a través de acciones coordinadas de las asociaciones participantes,
tanto en un plano local como con una serie de iniciativas comunes a nivel
internacional, empezando por el Primer Encuentro de Ilustradores celebrado
en Valencia en octubre de 2003.
Reunión en BolognaFiere. Informe
Bolonia, 15 de abril de 2005
Asistieron a la reunión: Paolo Rui. AI (Italy). Paolo
D'Altan.AI (Italy). Derek Brazell. AOI (United Kingdom). Stella Di Meo.
AOI (United Kingdom). Volkmar O. Döring, IO (Germany) Anders Suneson.
Svenska Tecknare. (Sweden) Gemma Cortabitarte. APIC (Catalonia.Spain)
Nacho Casanova. APIV (Valencia.Spain) Cristina Durán. APIV (Valencia.Spain).
    
Temas tratados en la reunión: Situación del EIF. Se plantea
la necesidad de "legalizar" de alguna forma EIF. Habría que buscar de
qué forma se establece una asociación a nivel europeo, qué requisitos
son necesarios, que papeleos hay que hacer y si existe algún tipo de financiación.
Respecto a la Junta Directiva, en principio estaría formada por los que
hasta ahora hemos ido tomando parte en los eventos, uno o dos de cada
asociación. Sería necesario también tener un representante que pueda por
ejemplo firmar documentos. Como somos "una unión totalmente libre y democrática"
(palabras de Paolo) somos todos igual de importantes, así que para empezar,
quizás lo más justo sería establecer una alternancia en la representatividad
y sede de EIF. Cada año podría ser uno de nosotros el encargado de representar
a EIF de cara al público y ante los socios ¿quién quiere empezar...?
Common Contract
Insistimos en la idea de elaborar un contrato común para todos. Somos
conscientes de las diferentes legislaciones que tenemos, pero en general
existen ciertos puntos comunes para todos.
La elaboración de este contrato puede llevarnos bastante tiempo, así que
otra de las propuestas es hacer primero una hoja modelo de encargo-presupuesto,
basándonos por ejemplo en el T & C de la asociación irlandesa.
Se propuso también preguntar a los editores de cada país sobre su opinión
ante la creación de un contrato común europeo, si estarían dispuestos
a aceptarnuestras propuestas, aunque algunos de nosotros dudamos de la
utilidad de esta gestión, ya que es un sector que hasta ahora no ha sido
muy colaborador en algunos de nuestros países. Proponemos también hacer
una adaptación del logo de EIF de forma que cada asociación pueda colocar
su logo local junto al de EIF y que ponga algo así como "asociación miembro
de EIF". Este logo estaría a disposición de todos para que sea incluido
en el T & C, en los contratos y si se quiere en las facturas.
Creemos que colocar este logo puede darnos más "prestigio" y supone dar
a entender a los clientes que tenemos un respaldo a nivel europeo.
EIF website
El primer paso sería adquirir el dominio "www.eif.org" y trasladar allí
la web desde su actual ubicación (www.apiv.com/ETI)
Propuesta de traducir la web a los distintos idiomas de cada país, para
que así todos los socios tengan fácil acceso a los contenidos.
Crear una dirección de e-mail de contacto para que desde la web todo el
quiera pueda contactar con nosotros.
Links sobre eventos relacionados con la ilustración y concursos (sólo
los que sepamos que tienen unas basesy condiciones aceptables).
Documentos para incluir en la web y que puedan ser descargados por los
socios:
El modelo de T & C.
El contrato común.
El logo de EIF.
"How to survive" de AOI y el folleto que Anders nos mostró para enviar
junto a las facturas.
Etiqueta de "original" con un texto alusivo al copyright, para pegar detrás
de cada original entregado.
Turin Competition
Compromiso de promoción entre los socios de cada asociación de este concurso.
Una vez realizada la exposición del concurso (100 ilustraciones) podría
hacerse itinerante en los distintos países que componen EIF.
EIF Events CD
Se trata de recopilar en un cd imágenes de todos los eventos en los que
ha participado EIF.
Estaría bien si cada uno de los que tenemos documentación (fotos...etc)
se la enviamos a Paolo para que pueda meterlo todo en el CD.
Membership Exchange
Se confirma el acuerdo entre todos para que los socios que se trasladan
temporalmente a otro país perteneciente a EIF, pasen a ser socios automáticamente
de la asociación del país de residencia.
Carta del Foro Europeo de Ilustradores
Promueve: Associazione Illustratori
Feria del Libro de Bolonia, 17 de
Abril de 2004
El Foro Europeo de Ilustradores/as (EIF) representa los
intereses comunes de sus miembros, Asociaciones Profesionales Europeas
relacionadas con la teoría y práctica de las Artes Gráficas y la Ilustración.
El objetivo del EIF es el de promover el intercambio de conocimiento y
de información entre artistas de diferentes países y culturas y apoyar
actividades conjuntas e innovaciones técnicas entre la amplia realidad
de la comunicación visual. El EIF proveerá un forum para reuniones y contacto
entre sus miembros y mayor intercambio de información, técnicas, innovación,
educación e investigación.
El EIF apoya el valor del lenguaje visual y su capacidad para comunicar
más allá de las particularidades físicas y culturales y entre diferentes
personas sin necesidad de más mediación, trascendiendo muchas barreras
culturales y lingüísticas.
Ahora que la Comunidad Europea ha permitido la eliminación de muchas de
las barreras entre los Estados miembros, el EIF siente que ha llegado
el momento para autores/as, creadores/as y proovedores/as de contenidos
que trabajan como profesionales en las Artes Visuales en Europa, para
iniciar un diálogo cultural y profesional, e intentar llegar al máximo
potencial creativo y mejorar la situación social de la ilustración como
arte.
El EIF desea promover más intercambios de información entre el mundo profesional
de l@s Ilustrador@s y comparar y tutelar el desarrollo de la actual y
futura legislación europea sobre el copyright y la forma en que ello puede
afectar a los derechos de autor.
Este Foro representa un ejemplo actual del proceso de integración europea
representado por Ilustradores y artistas visuales de 8 Estados miembros
en colaboración por un beneficio común. El EIF pretende expandirse integrando
a otros grupos de Ilustradores/as en Europa.
Nacimiento de un Forum
por Paolo Rui | Associazione Illustratori
La idea de juntarse con otros ilustradores para compartir
experiencias está en el corazón de la fundación de una Asociación como
aquella a la que pertenezco, igual que las demás que hay en Europa y en
otras partes del mundo.
Para muchos de nosotros, tarde o temprano, la idea de sacar
adelante este concepto, más allá de nuestras fronteras nacionales, ha
venido de manera natural, junto con una conciencia clara de las posibilidades
y oportunidades que conllevaría.
Aquellos y aquellas que llegaron a poner en práctica la
teoría, se pusieron en contacto con nosotros los soñadores, hará cosa
de un año, en septiembre de 2003. APIV y sus representantes, Nacho Casanova,
el presidente, Cristina Durán, la vicepresidenta, Carmen Castro, la valiosísima
gerente, nos invitaron a Valencia para participar en el Primer Encuentro
Transnacional de Ilustradores, dos días de inmersión absoluta con colegas
de otros países europeos, Lennart Eng de la Svenka Tecknare sueca, Matt
Johnson de la Association of Illustrators, del Reino Unido y claro, representantes
de todas las asociaciones españolas, coordinadas por FADIP y Carlos Ortin,
su presidente. Con la ayuda de todas las personas que acudieron al Encuentro
(Arnal Ballester, Ajubel, Max, Peret, Valeria Brancaforte, Raquel Pelta),
se debatieron varios temas; hablamos del pasado, presente y futuro de
nuestra profesión, de la organización de nuestras respectivas asociaciones,
de las leyes de propiedad intelectual, y al final, de qué tocaba hacer
entonces. Decidimos mantenernos en contacto y comenzar un intercambio
de información de manera regular para ampliar nuestro conocimiento de
cómo se resuelven problemas similares en otros países, y para trabajar
en algunos proyectos comunes. Esto condujo, en los meses siguientes, al
establecimiento de la lista de correos de la ETI (European Transnational
Illustrators), a través de la cual todos los participantes en la reunión
de Valencia se pudieran mantener en contacto entre sí. Esto también fue
posible gracias a la APIV.
Nuestra participación colectiva en la Feria del Libro Infantil
de Bolonia de este año fue el siguiente paso, y con su preparación llegó
la necesidad de encontrar un nombre para la futura federación informal
de nuestras asociaciones.
Para cuando fueron aprobados el nombre y el logo del EIF
(European Illustrators Forum), el grupo inicial había crecido para incluir
a ocho países y trece miembros. En el primer día de Bolonia se unieron
a nuestra familia la asociación belga e IO, de Frankfurt (Alemania); el
17 de abril, presentados por un vigoroso Ferruccio Giromini, Nacho Casanova
(APIV), María Rius (APIC), Anders Sunesson (Svenska Tecknare), Andrea
Minoja (La Maison des Illustrateurs) y yo mismo, firmamos una primera
e informal Carta del Forum Europeo de Ilustradores, un comienzo simbólico
que hasta ahora sólo nos ha involucrado a nosotros como representantes
de miles de ilustradores en el continente, pero que pronto se verá reflejado
en iniciativas comunes en las que todos y todas podrán participar. Entre
esas iniciativas está nuestra presencia bajo la bandera del EIF a las
citas editoriales más importantes, empezando con Montreuil, la organización
de eventos tales como concursos y exposiciones de ilustración, y la publicación
de documentos relacionados con las leyes de propiedad intelectual, los
derechos de los ilustradores e informaciones relacionadas a todos los
demás aspectos de nuestra bella profesión. En un ambiente laboral que
cambia tan rápidamente, donde cada vez más ilustradores se ven abrumados
por las exigencias irracionales de sus clientes, nuestra misión es conseguir
una amplia sensibilización, lograr que se apliquen las leyes de propiedad
intelectual si hace falta y proponer soluciones para llegar a acuerdos
entre todas las partes.
Personalmente espero que el entusiasmo mostrado por todas
las personas involucradas en este proyecto no sea más que la punta del
iceberg. Nos queda por ver el resto.
La Ilustración europea del siglo XXI
por Ferruccio Giromini
¿Puede hablarse hoy de "ilustración europea" como una categoría
reconocible por sus propias características? Quizá sí y quizá no.
Quizá sí porque, por razones históricas evidentes y de antigua
cultura editorial, en el Antiguo Continente los artistas se enfrentan
a la página en blanco de una forma muy distinta a cómo lo hacen en Asia,
África y parte de Sudamérica, donde la composición y las dimensiones de
la industria del papel impreso aparecen en general menos sólidas o menos
articuladas; y sin embargo de forma distinta a lo que se ve en Norteamérica
(y Australia), donde el mercado de la imagen es mucho más agresivo y orientado
al marketing, y en algún sentido incluso más experimental. Sólo si se
observa esta confrontación del punto de vista, oponiendo el bloque europeo
(por otra parte en continua expansión) al resto del mundo, podría determinarse
una cierta identidad.
A pesar de ello quizá no pueda circunscribirse tranquilamente
una "ilustración europea". En realidad, en su interior, la cultura visual
europea continúa manteniendo incontables diferencias vinculadas a cada
una de las tradiciones figurativas nacionales, y suele tratarse de diferencias
sustanciales, que también tienen que ver con meros factores climáticos:
es evidente que en el Mediterráneo y en el Mar del Norte, por ejemplo,
la luz se percibe de formas completamente diferentes, o trabajar en Londres,
Atenas, Praga o Lisboa puede sugerir fácilmente resultados estéticos muy
distintos. Por otra parte, no hay duda de que la reciente facilidad de
comunicación introducida por Internet ha multiplicado en modos exponenciales
la posibilidad de acceder al trabajo a los productores de imágenes de
todo el mundo, creando inevitablemente un trasvase de ideas y estéticas
inmediato y completamente inédito, que hace que cualquiera pueda sentir
que forma parte de una única cultura planetaria, en la que autores japoneses
y suizos se sienten tan cerca como cualquier país con sus vecinos. En
cambio, si se toma como referencia el interior de Europa, sin compararla
con el exterior, la deseada identidad no existe en absoluto (o quizá no
exista todavía).
Quizá sí, quizá no. La ilustración europea acaba de empezar
a mirarse en el espejo y ya (o todavía) no se reconoce. Su figura es colorida
pero huidiza. Sus movimientos aparecen unas veces lentos y otras muy rápidos.
Sus formas se imponen a veces voluminosas y a veces evanescentes. La única
personalidad que puede atribuírsele por el momento está fragmentada, descompuesta;
si nos empeñamos en considerarla como un todo es imposible que no parezca
esquizofrénica.
Sin embargo, no puede negarse que la ilustración europea
exista, sea un dato de hecho. Así pues es justo empezar a considerarla
como algo vivo y preciso, una forma vital en fase de crecimiento y de
autoafirmación, tan digna de estudio como de respeto. Ahora representa
un problema, pero también un resultado; a partir de ahora puede valorarse
como un término de comparación; detrás de sus numerosos rostros podría
latir un solo corazón. Sin duda, los problemas a los que debe enfrentarse
son muchos.
La Feria del Libro Infantil de Bolonia
Las dos ocasiones recurrentes de encuentro más importantes, en Europa,
para el mundo editorial y el planeta de la ilustración relacionado con
éste, son la gigantesca Buchmesse de Frankfurt, que se celebra tradicionalmente
al inicio del otoño, y la Feria Internacional del Libro Infantil, que
tiene lugar cada primavera en Bolonia. En la ciudad alemana y en la italiana
se dan cita todos los operadores del sector para encontrarse, intercambiar
datos y opiniones y, juntos, tomar el pulso al mercado mundial del libro
y de la imagen impresa. Naturalmente, más allá de Europa existen otras
manifestaciones importantes dedicadas al libro y a su amplio mercado,
pero estas dos están dirigidas específicamente a los operadores del sector,
por lo que son las más especializadas a la hora de analizar los problemas
específicos.
En concreto, desde hace mucho tiempo y por distintas razones,
la Feria del Libro Infantil de Bolonia parece ser la manifestación cultural
y comercial internacional que presta mayor atención al lenguaje de las
imágenes dibujadas, entendidas como complemento ineludible no sólo del
producto editorial, sino también del mismo ejercicio de la fantasía. Todavía
en los años setenta, los libros para la infancia estaban mucho pero que
mucho menos ilustrados que ahora y, en consecuencia, la Feria era, en
conjunto, mucho pero que mucho menos colorida. Sin embargo, la manifestación
siempre ha acompañado y promovido como protagonista el crecimiento de
la cultura figurativa de la industria editorial internacional, no sólo
acogiendo a los productos del mercado, sino ofreciendo, entre exposiciones
y congresos, importantes ocasiones de discusión y análisis.
Por estos motivos, la Feria de Bolonia se ha convertido
en una cita ineludible para todos aquellos que se ocupan de la comunicación
visual, aunque no estén estrechamente relacionados con el mundo editorial
para la infancia. Para todo este submundo de artistas y estudiosos, el
cíclico encuentro primaveral es pues un reencuentro al que no quisieran
renunciar: en Bolonia siempre pasa algo importante que no hay que perderse.
Uno de estos reencuentros es, sin lugar a dudas, la gran
feria anual de ilustradores, que sugiere (o debería sugerir) la temperatura
de las modas y tendencias ilustrativas. Con toda seguridad suscita en
los artistas amor y odio: el odio, naturalmente, por parte de los que
se quedan fuera, y el amor por parte de los que se quedan dentro, pero
también una deliciosa amargura por parte de los que se saben superiores
a las elecciones de la comisión seleccionadora, y amarga delicia para
aquellos que comparan sus garabatos con maravillas. En cualquier caso,
en cada edición la feria da mucho de qué hablar: los gustos del jurado
de turno provocan discusiones. Y siempre, siempre hay quien, por una parte
dice que ese año la feria está llena de obras interesantes y quien, por
otra parte, piensa que ese año el nivel es indecentemente bajo.
El jurado internacional se enfrenta a un número cada vez
mayor de trabajos, que ya está alrededor de quince mil. Realmente son
demasiados, teniendo en cuento que al final sólo se seleccionan un centenar:
es humanamente imposible elegir con la calma y la atención necesarias.
Y forzosamente a veces prevalecen políticas de distribución geográfica,
del tipo: los japoneses ya están bien, aún falta algún americano, no,
los italianos que no pretendan tanto, ahora más bien tenemos demasiados
franceses, pero, a ver, perdonen, habrá que poner por lo menos un británico,
etcétera, etcétera. Por otro lado, todos saben que los jurados son imprevisibles;
y a veces pasa que la comisión se entiende de maravilla, y sale una muestra
densa y equilibrada, y otras veces nos encontramos con una mezcolanza
en la que es imposible conciliar los distintos gustos. Hay que decir que,
nunca como en este caso, la tarea es ardua. Hace un tiempo, digamos que
hasta hace quince años aproximadamente, había menos ilustradores, las
escuelas tradicionales nacionales estaban mejor definidas, así como los
distintos géneros, el gusto evolucionaba de forma más lenta, las mismas
comunicaciones no permitían como ahora tener el mundo en casa entrando
en Internet: en resumen, la feria de ilustradores tenía un significado
informativo mucho más válido que hoy en día.
Llegados a este punto, empezamos a preguntarnos, con un
cierto retraso, la verdad, si la prestigiosa fórmula del megafestival
de imágenes de Bolonia no podría haber quedado algo antigua. Estamos de
acuerdo en que ofrece una posibilidad de promoción para los jóvenes, pero
en ese caso quizá sería mejor que se excluyeran los nombres ya afirmados
y que prácticamente están abonados a las paredes de la exposición.
¿Qué hacer? Partiendo del hecho de que la Feria es un momento
importantísimo de encuentro para todos los ilustradores del mundo, y cuya
existencia se agradece, quizá deberíamos pensar en algo más útil para
todos, tanto para los ilustradores que quieren darse a conocer y no volver
en seguida al limbo del que han salido por unos instantes, como para los
editores, que necesitan imperiosamente nuevos talentos creadores. Y los
ilustradores también tiene que aprender a hacer oír su voz sobre los problemas
que les afectan (por ejemplo, empezando a pedir que se eliminen los cristales
antirreflejantes, que la mayor parte de las veces obstaculizan la visión
de los detalles técnicos de realización de sus imágenes).
El Forum Europeo de los Ilustradores
Así pues, los ilustradores tienen que entender la importancia de hacerse
oír para promocionar mejor su trabajo. Parece que en la última edición
de la Feria de Bolonia hubo un episodio importante que abrió una brecha
en esa dirección. Por primera vez se manifestó con decisión un tema relacionado
con el ejercicio de la ilustración, imponiéndose como moderno y anunciando
cambios. Hablamos de una nueva voluntad transnacional de hablar entre
semejantes y de actuar juntos. Como testimonio de una necesidad de encuentro
social - y no simplemente sindical - de categoría, Bolonia ha visto nacer
el primer Forum Europeo de Ilustradores (EIF). El encuentro, organizado
por la Asociación de Ilustradores italiana, que en 2005 cumplirá veinticinco
años, ha servido para poner en marcha una coordinación internacional inédita,
que en el momento de su fundación reunía a trece asociaciones de ilustradores
de ocho países, pero en el transcurso de la Feria se sumaron otras dos
en representación de otros dos países. El principal objetivo de la iniciativa
es proteger los derechos de los ilustradores y promocionar la ilustración
a escala continental, a través de la acción coordinada de las asociaciones
participantes a nivel local y con una serie de iniciativas comunes a nivel
internacional. Así podría crearse una autoridad única como punto de referencia,
en Europa, para todas las iniciativas relacionadas con la promoción de
la ilustración, quizá un nuevo y fiable interlocutor para la propia Feria
del Libro Infantil, a la que desde siempre los ilustradores y estudiosos
de la imagen de todo el planeta - podemos decirlo - seguimos mirando con
cariño y reconocimiento.
La ilustración que cambia
Vale la pena pararse un momento para tratar de considerar los recientes
cambios en el paisaje de la ilustración editorial, no sólo para la infancia,
que muestra al fondo el panorama desdibujado de la industria librera del
XIX y en primer plano, en cambio, por encima de alguna curva que todavía
esconde una vista clara, la industria editorial del siglo veintiuno. Por
suerte son cada vez menos los que piensan que la imagen puede distraer
la atención del texto y que puede dirigir con demasiada fuerza la fantasía
del lector hacia direcciones predeterminadas. Los que se atreven a opinar
así recurren a su lejana experiencia individual, una infancia en la que,
evidentemente, se imaginaban de forma autónoma y vívida los libros que
se leían - cuyos textos no siempre nacían para ser ilustrados, como ocurre
hoy en día.
De hecho, hasta hace algunos decenios, eran indispensables
las descripciones minuciosas de ambientes y personajes - y para los lectores
con poca cultura, también visuales - para definir los contornos de todo
aquello que entraba en escena en el transcurso de la narración. Las primeras
ilustraciones podían parecer incluso redundantes, en su faceta de paráfrasis
de la página escrita. Sólo tras la irrupción en la vida cotidiana de la
televisión, más aún que con la fotografía y el cine, la comunicación textual
se libera del lastre descriptivo y se hace más alusiva; y la ilustración
empieza a colmar los posibles vacíos comunicativos del texto escrito.
En la evolución de este proceso, hoy la imagen, lejos ya del momento en
que nació como devota servidora de lo escrito, en la gestación de un libro
puede idearse incluso antes que el texto: y alrededor de ella se inventan
y disponen las palabras adecuadas para "ilustrarla" como es debido, en
un vuelco de función que es un verdadero salto mortal lingüístico y comunicativo.
Los niños de hoy en día no sólo miran la televisión, no
sólo van al cine y juegan con la playstation y los videojuegos, sino que
también leen. No muchas revistas - hay que decir que para ellos hay cada
vez menos - pero libros sí. Las estadísticas muestran que los hijos leen
más libros que sus padres y, con toda seguridad, muchos más que sus abuelos;
y los libros que leen, prácticamente todos son ilustrados. Así pues, podríamos
y deberíamos encaminarnos hacia una nueva pedagogía de la ilustración,
hacia una actualización de la gramática de la fantasía contemporánea.
Y no podría empezarse sin una primera observación casi banal:
como elemento constitutivo del libro moderno para niños, la ilustración
no sólo es un ornamento estético opcional, sino una parte esencial de
la expresividad del conjunto. El texto escrito y el texto icónico se complementan,
entre ellos hay un verdadero diálogo funcional, una especie de simbiosis
que intenta asegurar la supervivencia de un contenido verbo-visual en
la jungla despiadada de la comunicación contemporánea, poblada por extrañas
bestias, de raza pura o híbridos, que para hacerse notar se gritan unas
a otras. El imperativo es que cada voz destaque entre el confuso griterío
de fondo. Y la imagen, cuando captura el ojo, puede conseguirlo puntualmente
mejor que un texto verbal, que sin embargo, a su vez, con sus artes específicas,
también es capaz de interesar al usuario casual y entretenerlo incluso
durante largo tiempo.
De hecho, casi como sucede en un cómic, en un libro ilustrado
cada una de las imágenes se relacionan y comunican directamente con las
que le preceden y las que le siguen, formando una serie, una especie de
secuencia lógica con la que a fin de cuentas debe valorarse el conjunto
y que contribuye a dar carácter y sentido a la obra. Por otra parte, las
ilustraciones, como arte aplicada a la comunicación, no tienen - no deben
tener - la personalidad prepotente de la obra pictórica individual, expresión
artística que precisamente como tal tiene fin en sí misma. En la relación
ilustrador/lector es siempre el primero quien debe hacerse entender; y
viceversa, en la relación pintor/espectador es el segundo el que tiene
que intentar entender, mientras que el primero sólo tiene que expresarse.
Por otro lado, ante un cuadro, obra única, en general nos encontramos
comprometidos en una contienda particular con el artista, mientras que
frente a la más humilde ilustración de un libro la relación es mucho más
asimétrica: en este caso el producto nace para enfrentarse en un solo
acto con un público numéricamente mucho más vasto.
Con estas premisas, la ilustración del nuevo milenio se
presenta muy distante de la del siglo XVIII e incluso gran parte del XIX.
Alejada del realismo y del naturalismo, que se consideran ya como atributo
de la comunicación mecánica fotográfica, el arte de la ilustración ha
evolucionado; se ha condensado y sintetizado; decididamente, se ha estilizado
y, a menudo, ha recuperado mucho de la expresividad infantil, persiguiendo
una eficacia instantánea sin oropeles. Esta renovada actitud recurre así
a un dibujo que no se avergüenza de sí mismo, o sea, a una expresión que
es cada vez más una interpretación de la realidad y cada vez menos una
simple imitación. En él confluyen, por ejemplo, las experiencias técnicas
y visuales de territorios contiguos: el cómic, los dibujos animados, la
viñeta satírica, el lenguaje publicitario, en referencia más que directa
al consumismo omnívoro de la civilización de la imagen y a la "esquizofrenia"
casi inevitable de la sociedad contemporánea metropolitana.
Y es que la velocidad de comprensión hoy en día es esencial;
un nuevo sentido de la síntesis es absolutamente indispensable. Ciertamente:
esencialidad no es simplicidad; síntesis no significa banalidad; pero
muchas veces la nueva elocuencia visual sincopada es fruto de una atenta
destilación expresiva que en los mejores casos puede asumir también matices
poéticos. El resultado es que ahora la representación más incisiva de
la realidad pasa preferentemente a través de imágenes dibujadas de gran
evidencia representativa pero que cada vez están más lejos de la realidad.
Un lenguaje cada vez más adulto
Un equívoco que aún sobrevive, asocia la imagen dibujada sólo al mundo
infantil. Quienes conocen el ambiente y la materia saben bien que no es
así; pero quizá en esto el mercado americano esté más evolucionado y sea
más "progresista" que el europeo. No sólo hay cada vez más adultos que
no se avergüenzan en absoluto de consumir imágenes, aunque sean de apariencia
"infantil", sino que cada vez nacen más imágenes destinadas a un público
adulto. Es la imagen absoluta, en sí misma, la que es cada vez más adulta
(y, por cierto, "adulto" no significa solamente con un alto porcentaje
de sexo o violencia…).
Ser ilustrador, en Europa, hoy más que en el pasado puede
querer significar una superación del título tradicional de productor de
imágenes. Hoy más que nunca puede elegirse entre ser periodista con las
imágenes, o narradores o poetas; se puede ser magníficamente artistas,
pero también, poco a poco, agitadores sociales, comunicadores, pedagogos,
cómicos, escenógrafos, predicadores, publicitarios, pornógrafos, místicos,
decoradores. Igual que con las palabras, naturalmente, sólo que en lugar
de palabras se usan figuras. Pero hay una diferencia, hoy en día las imágenes
circulan más, más aprisa, tienen más público, son más invasoras. Y también
el productor de imágenes, como consecuencia de ello, tiene que cambiar
la consideración de sí mismo y de su trabajo. Tiene que cambiar la concienciación
de su oficio. Para esto sirven las asociaciones, los encuentros, los intercambios
con los colegas cercanos y lejanos. A esto debemos tender en un momento
de grandes cambios económicos, políticos y culturales como el que estamos
viviendo en estos primeros años del nuevo milenio. El camino se abre a
horizontes todavía confusos pero ilimitados. La curiosidad nos empuja
a caminar hacia delante, el temor a equivocarnos no debe frenar el movimiento
hacia el conocimiento de nosotros mismos y de la realidad. Con el lápiz
o con el ordenador, el futuro se puede y se debe dibujar siempre: y por
lo menos en esto, respecto a resto de los mortales, los ilustradores deberían
tener ventaja.
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