PÁGINA A LA DERIVA DE LA ASOCIACION PROFESIONAL DE ILUSTRADORES DE VALENCIA
 
EL LIBRO ILUSTRADO

Del 27 al 29 del pasado noviembre tuvo lugar en Salamanca el IV Simposio sobre Literatura Infantil y Juvenil, organizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez con la colaboración de la Dirección General del Libro y la Lectura del Ministerio de Educación y Cultura. El tema central fue este año "la ilustración como primera lectura y educación artística". El ilustrador Paco Giménez ha extractado para CAFÉ algo de lo que allí se dijo a partir del amplio dossier que le dedica la revista CLIJ, Cuadernos de Literatura Infantil y Juvenil, en su nº 102 de febrero de 1998.

La ponencia de Teresa Durán, especialista en Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), se centró en la importancia de la lectura de imágenes. Seguidamente tuvo lugar un debate en el que los ilustradores formularon interesantes observaciones acerca de su trabajo.

Teresa Durán: Nunca insistiré lo bastante en lo imprescindible que resulta un aprendizaje de la visión, una necesaria formación estética, tanto para los adultos como para los niños. Enseñar a ver es una tarea grandiosa que no siempre nos sentimos dispuestos a llevar a cabo, seguramente porque nadie nos preparó para ello. Dice el diccionario que leer es "distinguir; comprender aquello que está figurado mediante cualquier signo gráfico". Y es que las letras, que tan a menudo oponemos a los dibujos, son signos gráficos. (...) Hay libros con muchas imágenes, pero no son, no constituyen, un libro ilustrado. Un buen trabajo de ilustración es aquella obra que puede leerse de cabo a rabo, aunque esté escrita en chino, porque sus ilustraciones nos hablan, nos comunican, nos implican. A estas obras se les llama álbumes y en nuestras latitudes se hallan en peligro de extinción.

Miguel Calatayud (ilustrador): La imagen siempre ha funcionado: la gente coleccionaba estampas y miraba los libros y disfrutaba. (...) Me parece peligroso empezar a tratar la ilustración como si fuera una manifestación alejada de lo que es la cultura popular. Porque eso es lo que le ha dado historia, consistencia, fuerza y lo que le ha permitido sobrevivir. (...) Lo de Walt Disney, que llega a tanta gente, no puede considerarse cultura popular, porque está inmerso en las directrices del mercado, no tiene raíz, no tiene esencia. (...) Las ilustraciones no son un mecanismo para ir introduciendo al niño en el mundo del arte. No tienen una función didáctica. Aunque el ilustrador tiene una responsabilidad muy gorda, porque ofrece una propuesta visual, un lenguaje gráfico, que va a influir en la formación del código de interpretación de la realidad del niño.

Teresa Durán: No hace falta que la ilustración sea el paso previo al arte con mayúsculas, es un arte en sí mismo.

Miguelanxo Prado (ilustrador): En un mundo dominado por la imagen resulta que somos analfabetos visuales. Utilizamos la imagen de manera autodidacta.

Ulises Wensell (ilustrador): En la actualidad, la influencia que se ve en los ilustradores procede del mundo pictórico, no del mundo de la ilustración. No me parece mal que, por poner un ejemplo, un chaval abra un álbum y vea en él algo que todavía no sabe qué es, pero que, con el tiempo, pueda reconocer en otro tipo de trabajo, que puede ser una pintura de un museo.

Gusti (ilustrador): Cuando hablamos del arte, siempre hablamos de Picasso o de Miró. Sin embargo, para mí son arte la televisión y el cómic. Me crié con el cómic y me atrevería a decir que es un arte. Y no arte menor. Es tan arte como la pintura de Picasso. (...) Cuando ilustro un texto lo interpreto. Cada ilustrador hace su propia interpretación, de lo contrario todos dibujaríamos lo mismo. Una buena ilustración no es aquella que sólo es buena estéticamente, sino la que hace que el libro sea más bonito, en el sentido de que se lea mejor.

Arnal Ballester (ilustrador): Mis compañeros han manifestado que "somos deudores de la pintura", pero yo me considero deudor, en primer lugar, del cine. Cuando me preguntan ¿cómo definirías tu función como ilustrador?, siempre contesto que soy un narrador. (...) Parece que los ilustradores tengamos siempre que pedir perdón y legitimar nuestro trabajo. En mi opinión, la ilustración es un arte y punto. ¿Por qué la ilustración sigue considerada como un arte menor? Se trata, esencialmente, de una cuestión de mercado.

Gemma Lienas (escritora y editora): Creo que no es un problema de mercado en términos económicos, porque la ilustración y la literatura infantil y juvenil genera más volumen de negocio que la literatura de adultos. La respuesta es, seguramente, que la LIJ "no viste".

 

Otro tema que suscitó un movido debate fue el de las relaciones entre texto e imagen. Ilustradores y escritores pusieron sobre el tapete sus desencuentros y coincidencias.

 

Juan Farias (escritor): La ilustración se produce después de la lectura subjetiva que hace el ilustrador del texto a ilustrar. Si los dibujos surgen auténticamente de la interpretación creativa del texto, eso es generar arte. Pero, así y todo, ilustrar siempre es una acción subordinada, está condicionada por un texto, y además, siempre reflejará una opinión personal. Por eso, para mí, la ilustración es muchas veces una interferencia entre yo y lo que estoy leyendo. (...) El problema se presenta cuando la ilustración es creativa: entonces los ilustradores son capaces de estropear la aventura de leer. Cualquier chaval que coja uno de esos libros verá condicionada su creatividad por esos dibujos absolutamente maravillosos. Yo creo que la imaginación debe estar en libertad, de forma que, al leer, cada uno pueda crear sus propias imágenes.

Antonio Ventura (editor): A mi juicio, es en los álbumes dibujados y escritos por la misma persona donde se encuentra una mejor relación entre el texto y la ilustración.

Miguelanxo Prado: Normalmente los trabajos que hacemos los ilustradores consisten en "poner imágenes" a un texto que ha escrito un señor, y ahí está el fallo, porque un libro ilustrado no debería ser eso. Tendría que ser un texto creado con la idea ya muy clara de que va a tener unas imágenes con las que debe convivir. Muy rara vez se plantean así las cosas.

Gusti: No siempre un libro ilustrado empieza con un texto. A veces las historias comienzan a partir de un dibujo que el ilustrador le presenta al escritor para que haga un cuento. Sobre la colaboración entre el escritor y el ilustrador, yo creo que el autor de un texto que va a ser ilustrado es consciente de ello, y cuando escribe deja algún espacio para el ilustrador.

Javier García Sobrino (especialista en LIJ): La situación óptima sería aquella en la que el autor y el ilustrador se pudiesen sentar a una mesa y que el libro creciera de la mano de los dos. Pero no creo que eso sea imprescindible. (...) En la medida que los mensajes plásticos, estéticos, sean diversos, el lector de libros ilustrados irá creándose una trastienda literaria y plástica que aumentará su capacidad de análisis y de crítica. Por eso, esa lectura del texto que hace el ilustrador nunca será una interferencia.

Arnal Ballester: En la actualidad, tal como está conformada la producción de libros ilustrados, tanto el ilustrador como el escritor tienen que estar dispuestos a pactar. (...) Creo que es cierto que, en la mayoría de los casos, texto e ilustración se estorban. Pero se estorban, justamente por el tipo de libros con los que trabajamos. Siempre he dicho que prefiero los textos planos, porque me dejan una libertad enorme. No necesariamente la producción comercial de determinados libros supone una limitación a mi capacidad creadora. Prácticamente toda creación ha sido por encargo, pero el encargo no es un obstáculo absoluto a la creatividad. (...) Sin embargo, tenemos que abrir el espacio hacia fórmulas que no se están probando suficientemente. Reivindico el hecho de que, de una vez por todas, las editoriales se dediquen a producir libros en los que la narración esté expresada exclusicvamente a través de las imágenes.

Xavier Blanch (editor): Desde mi experiencia como editor, en la mayoría de los casos, la ilustración va a remolque de un texto. (...) A nosotros los editores nos incomoda bastante que el trabajo nos llegue acabado. Normalmente encargamos las ilustraciones sobre un texto determinado, pero cuando viene un tándem con un trabajo, te obliga a todo o nada. Y es bastante difícil coincidir siempre.

Teresa Durán: Una de las tendencias de la producción editorial de este país es el trabajo a corto plazo. En otros lugares se trabaja más a largo plazo, con lo que hay tiempo para un intercambio entre todos los profesionales que trabajan en el proyecto y hay tiempo para perfeccionarlo. (...) Se ha hablado mucho de la imaginación del ilustrador, de su creatividad, y también de que se esclaviza si se le dice "dibuja un pino". No encuentro tan mal ni tan nocivo el trabajo de cronista del ilustrador, es más, puedo agradecerlo mucho.

Miguel Calatayud: Siempre hubo, y hay, una especie de competencia, no de rivalidad, entre escritores e ilustradores. Históricamente, el ilustrador siempre ha llevado las de perder. Nunca me he sentido apoyado por el autor literario, porque los derechos que se pagan siempre han sido "de autor", y con la entrada del ilustrador (que está costando mucho que se reconozca también como autor), el editor hace porcentajes y reparte. Es lógico que los escritores se nieguen a ese reparto. Y es lógico que los ilustradores nos sintamos un tanto despreciados a nivel profesional y artístico.

 

 

(nota: se ha resumido el contenido de cada una de las intervenciones tratando de respetar antes el sentido que la literalidad de las frases. Para no hacer muy tediosa la lectura hemos preferido prescindir de los entrecomillados y, en lo posible, de los paréntesis que señalan el texto suprimido).

Los dibujos son de PACO GIMÉNEZ.     Ordenó y pasó a limpio: A. Hidalgo

 

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