
|
MURALES
DE ORGOSOLO
Hacia el año 1969, el grupo teatral de tendencia anarquista Dioniso di Milano realizó el primer mural en Orgosolo. Reflejan en él un mapa de Italia donde no aparece Cerdeña y, junto a la bota, la Señora Justicia ataviada con los colores estadounidenses en el sombrero y los colores italianos en el fajín, desequilibra con su espada la balanza hacia el lado que representa el imperialismo. La mayoría de los murales, y son más de cien los que hay, están hechos mediante la técnica del fresco, es decir, aplicando los pigmentos directamente sobre el muro de manera que éste absorba completamente los colores. La relación de autores es más corta que la de obras, y más corta aún mi memoria, donde han quedado grabados sólo dos nombres. FRANCESCO DEL CASINO, el que de Siena vino. Es el más prolífico de los muralistas de Orgosolo, honor al que contribuyeron varias generaciones de alumnos que lo tuvieron de profesor de arte en el Instituto de Secundaria del pueblo y a los que él supo convertir en ayudantes fervorosos. Se ha consagrado tan intensamente a la actividad mural que hasta las piedras del campo aparecen pintadas. Igual que las hadas madrinas van por ahí haciendo y deshaciendo a su antojo con ayuda de la barita mágica, un toque de pincel de Francesco ha sido suficiente para convertir dos rocas en un pastor que descansa tumbado en el borde de la carretera, aunque tiene los ojos bien abiertos para indicar que no descuida la vigilancia del ganado. También es el autor de los fragmentos del "Guernica" copiados sobre la fachada de la tienda de fotografía cuyo rótulo comercial dice Kikinu. La figura femenina del quinqué y el caballo moribundo que Picasso dibujó encajan en el hueco de la ventana, así que los de las fotos escamotean ese trozo del cuadro al observador cuando suben la persiana metálica donde están pintados. La influencia del cubismo sobre Francesco queda patente en este mural y en el resto de composiciones suyas. En otro mural Francesco del Casino presenta al bandido Murguliai. Desgraciadamente ya es un poco tarde: su cuerpo yace inerte a los pies de los carabinieri que lo han abatido a tiros en plena macchia. El encuadre recuerda al de una foto familiar aunque con tintes de humor negro: en primer plano, Murguliai caído a lo largo y, detrás de él, sus ejecutores posan sentaditos, con los bigotes atusados, las guerreras bien abotonadas y los fusiles al hombro. En épocas no muy remotas, el bandolerismo sardo ha sido tan temido como la mafia siciliana o la camorra napolitana.
Francesco regresa siempre que puede a Orgosolo para matar el gusanillo decorando las pocas paredes que todavía quedan en blanco. PASQUALE BUESCA. Éste sí nació en Orgosolo y allí trabaja de forestal. Se aficionó al muralismo sin tener una formación específica previa y ha aprendido la técnica de forma autodidacta. Lo más característico de sus pinturas es el predominio del blanco y negro o de los colores claros, así como la simplificación de las figuras humanas en un estilo semejante al que El Roto muestra en sus viñetas periodísticas. Y a consecuencia de esos dos rasgos formales, el mensaje que quiere transmitir cobra todavía mayor fuerza. Él se manifiesta gráficamente en nombre de los que se sienten desesperados en el microcosmos sardo. Por ejemplo, Pasquale evoca en uno de sus murales a los que sufren el destierro de sus seres queridos, pues medio millón de hombres se han visto obligados a emigrar fuera de Cerdeña en busca de trabajo; los que se quedan, an-cianos, mujeres y niños aparecen retratados por mano del pintor durante la larga espera que precede el regreso de los suyos. Otro mural, otra llamada de auxilio:
un joven sardo que ha sido encarcelado injustamente se consume en la
celda mientras aguarda a que los familiares vayan a visitarle.
Pasquale tiene una visión catastrofista acerca del futuro de los bosques y cultivos de su isla, tantas veces arrasados por el fuego, y él trata de advertir de ese peligro plasmando sobre la pared un paisaje de árboles y hombres devorados por las llamas, una especie de anuncio premonitorio sobre la triste herencia que van a dejar a sus hijos si no ponen algún remedio. El libro*, editado por Kiki-nu, el fotógrafo local, me ha servido para refrescar la memoria de la visita que hice años atrás a Orgo-solo y para documentar este texto, y lo recomiendo a quien desee conocer algo más sobre esta manifestación artística. José Verde * "MURALISMO A ORGOSOLO. Guida completa e aggiornata ai murales". Edizioni Kikinu Orgosolo, Orgosolo, 1994.
|
|
![]() |
calle SALAMANCA, 49, p. 13 |