"Tenemos
que volver
a aprender a leer
las imágenes"
( Vicente Ferrer Azcoiti, Presidente de la Aso-ciación
Profesional de Ilustradores de Valencia)
Daniel
Grau
Aseguran
los profesionales de la historieta que, desde la ya lejana década
de los 80, el mundo de la ilustración valenciana no había
vivido una época de tanta efervescencia y desbordante creatividad
como la actual. El veterano dibujante Miguel Calatayud, por ejemplo,
recibió en la última edición del Salón Internacional
del Cómic de Barcelona el premio al mejor álbum nacional
de 1997 por su obra El pie frito. Por su parte, Montse Gisbert y Carmela
Mayor, una pareja de valencianas que desde 1993 desarrolla su actividad
profesional en Bruselas (Bélgica), fueron galardonadas a principios
de este año con el premio Serra d'Or de la editorial barcelonesa
Abadía de Montserrat y más recientemente con el Premio
Nacional de Ilustración que cada año concede el Ministerio
de Cultura. Sin embargo, la ausencia de una infraestructura adecuada,
la escasez de ayudas oficiales o la cada vez más alarmante disminución
del número de aficionados amenaza a las nuevas generaciones de
ilustradores que, paradójicamente, están mucho más
preparadas académicamente que sus predecesoras. "Es injusto,
pero la industria local no está a la altura de la formación
de los profesionales", señala Vicente Ferrer Azcoiti que,
además de dedicarse a la ilustración, edita desde hace
siete años la colección 1/2 Vaca y preside la Asociación
Profesional de Ilustradores de Valencia (APIV).
A
mediados de 1997, un grupo de ilustradores, empeñados en mejorar
las condiciones laborales de su profesión y obtener el merecido
reconocimiento público de su actividad, decidieron revivir el
viejo proyecto de la APIV que, hace una década, naufragó
antes de levar anclas. El primer paso de la asociación, que agrupa
a casi un centenar de socios, ha consistido en la realización
de la exposición itinerante Animalada en la que participan 106
autores mayoritariamente valencianos. La muestra, que este mes permanecerá
instalada en el instituto municipal de cultura de Torrevieja, ha sido
incluida en el circuito de salas del Consorcio de Museos y después
de recorrer toda la Comunidad Valenciana viajará por el resto
del país e, incluso, por algunas ciudades europeas y americanas,
todavía sin determinar, hasta el próximo año 2000.
¿Cuáles
son los principales objetivos que se ha planteado la APIV o, dicho de
otro modo, qué tipo de carencias y dificultades precisas de subsanar
han originado el nacimiento de la asociación?
En primer lugar, deseamos difundir toda aquella información que
pueda ser de interés para los profesionales. Por eso, desde el
pasado mes de marzo, editamos y distribuimos gratuitamente una hoja
volandera quincenal, denominada Café, con la que pretendemos
tapar en parte el enorme vacío existente en cuanto a información
relacionada con la ilustración. Además, la APIV también
se plantea la promoción de sus socios mediante exposiciones o
publicaciones y, más importante aún, reivindicar la ilustración
entre el público, así como la figura profesional del ilustrador.
¿Significa
eso que la gente desconoce la actividad profesional que desempeñan
los ilustradores?
Así es. Desgraciadamente, se ha perdido el oficio y creo que
habría que volver a explicar qué es un ilustrador y qué
tipo de trabajos puede realizar. La APIV agrupa a dibujantes de historietas,
pero también a cartelistas, diseñadores gráficos...
El ilustrador es un autor, una persona que escribe con imágenes.
El principal problema es que en un mundo dominado por la imagen somos,
curiosamente, analfabetos visuales. Hemos olvidado cómo leer
las imágenes. La ilustración es como una narración
en la que es preciso interpretar las imágenes para comprenderla.
Los niños saben hacerlo sin dificultad, pero cuando crecen se
les obliga a ver las cosas de otro modo y pasan de leer libros infantiles
o tebeos a leer únicamente facturas e impresos del Ayuntamiento.
A partir de cierta edad, la gente prefiere gastar su dinero y su tiempo
en viajar, salir de copas... y la ilustración se convierte en
un producto innecesario. Es como el cuento de Peter Pan: cuando creces,
te olvidas de volar.
¿Afecta
ese desconocimiento público de la figura del ilustrador a sus
condiciones laborales o a su relación con las editoriales?
Por supuesto. Fíjate; si vas a una biblioteca a por un libro
ilustrado, tienes que buscarlo por su autor literario, pero no a través
de su ilustrador, porque lo más probable es que no conste en
la ficha. Este tipo de situaciones se traduce, lógicamente, en
la valoración y en el prestigio de los ilustradores. Así,
por ejemplo, en el caso de los libros ilustrados infantiles, el autor
literario cobra más que el ilustrador, cuando muchas veces es
la obra del ilustrador lo que más anima a la compra del libro.
Desde la APIV exigimos unas condiciones de trabajo dignas para los ilustradores,
y que se pague un precio razonable por su trabajo. El ilustrador es
un artista o un artesano, pero, además, su trabajo está
directamente relacionado con la industria: la del cine, la de la publicidad,
la del libro... Sus principales ingresos proceden de la industria porque,
por lo general, el ilustrador no expone sus trabajos en una galería
y los vende. En cualquier otro país europeo, esto es algo aceptado
por todos. El ilustrador está mejor pagado y las editoriales
le conceden plazos más largos para entregar sus trabajos. Eso
le permite vivir mejor y, sobre todo, le ofrece la posibilidad de experimentar,
aprender continuamente y mejorar. En España, en cambio, vivir
de ilustrador significa tener que acumular un montón de encargos
mal pagados y estar obligado a realizarlos en plazos muy cortos de tiempo.
Se valora más la cantidad de trabajo que hagas que la calidad...
Y eso repercute negativamente en todo el colectivo.
La
necesidad de mejorar esta situación es lo que les ha impulsado
a unirse con los colectivos de Cataluña y Madrid para crear la
Federación de Asociaciones de Ilustradores Profesionales (FADIP).
¿Desde cuándo funciona?
Como ocurrió con la APIV, éste es un proyecto que se planteó
hace mucho tiempo, pero que por unos motivos u otros nunca se llegó
a materializar. Finalmente, ha comenzado a funcionar este mismo año
y, de hecho, su presentación oficial tendrá lugar a finales
del próximo mes de noviembre en el Museo de Historia de Barcelona
dentro de los actos de las Jornadas de Ilustradores. Durante el encuentro
se realizarán distintas mesas redondas, charlas, exposiciones...
Además, se homenajeará a la ilustradora bilbaina Asun
Balzola y se presentará la revista de la Federación, La
ilustración.
Estamos convencidos de que un colectivo que reúne a 400 personas
siempre podrá hacerse oír más que otro que aglutine
a un centenar. Por ejemplo, a la hora de negociar con las editoriales
para solicitar que se respete más la obra del artista e intentar
lograr una mejora de sus condiciones laborales y salariales. Si presionamos
conjuntamente desde las tres asociaciones que integran la Federación
es más probable que consigamos algo que si lo intentamos cada
una por nuestra cuenta. La FADIP, a través de sus abogados, está
negociando la mejora de los contratos de edición, de los contratos
multimedia sobre los que apenas hay precedentes, y se van
a empezar a establecer los criterios para definir exactamente qué
se entiende por ³obra colectiva², ya que actualmente en los libros de
texto no se reconoce ni se establece para el ilustrador un porcentaje
claro por su aportación a la obra.
Los
profesionales valencianos siempre han gozado de cierto privilegio y
reconocimiento en el mundo de la ilustración española
e, incluso, internacional. ¿Sigue siendo así?
Valencia siempre ha sido considerada en la profesión una ciudad
de ilustradores. Sin embargo, cuando la gente entra en contacto con
la situación en la que nos movemos suele llevarse una decepción.
Aquí, los ilustradores están obligados a trabajar para
Madrid o Barcelona porque las editoriales valencianas, además
de escasas, son muy pequeñas y carecen de medios. Me parece muy
representativo que el último Premio Nacional de Ilustración
se haya concedido a dos valencianas que están trabajando en Bruselas
porque en su país son unas perfectas desconocidas. Debería
promocionarse más nuestro trabajo e interesar al público
por la ilustración. Conseguir que la gente que compra un Premio
Planeta por el prestigio del galardón, adquiera un Premio Nacional
de ilustración por ese mismo motivo.
¿Deberían
ser las instituciones públicas las que se encargaran de promocionar
las obras de los ilustradores, o la iniciativa privada?
El ideal sería que los lectores se disputaran los libros ilustrados
o de historietas y que se agotaran las ediciones. El problema es que
faltan lectores y ahí es donde podrían jugar un papel
importante las instituciones: promoviendo a los autores, otorgando a
la ilustración el valor que se merece y animando al público
de cualquier edad a que se acerque a estos trabajos, porque la ilustración
no es sólo para niños.
Por otra parte, de poco sirve que las instituciones organicen un encuentro
de ilustradores o subvencionen una publicación concreta si después
esa iniciativa no tiene continuidad. Necesitamos ayudas para poder mantenernos,
pero ese tipo de subvenciones aisladas son pan para hoy y hambre para
mañana. No tienen demasiado sentido. De todos modos, soy optimista
porque hay tantas cosas por hacer todavía que, en una situación
como la actual, en la que no hay absolutamente nada, cualquier avance
es un triunfo.
Esta entrevista se publicó parcialmente
en El País (suplemento de Comunidad Valenciana) el día
13 de septiembre de 1998 con el título ³La ilustración:
asignatura pendiente². Agradecemos a Daniel Grau su gentileza por permitirnos
reproducirla íntegramente. Solamente se ha modificado la fecha
de la exposición de Animalada. Las viñetas son de ALEJANDRA
HIDALGO.
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