PÁGINA A LA DERIVA DE LA ASOCIACION PROFESIONAL DE ILUSTRADORES DE VALENCIA
 

LA ILUSTRACIÓN EN LOS
MANUALES DE
SOCORRISMO Y

PRIMEROS AUXILIOS

Uno desarrolla las habilidades que se propone. Por ejemplo. Tengo un amigo al que se le resisten los "abrefácil" de los envases en "Tetra Brik". Por más que lo intente le duelen los dedos. El invento le resulta incómodo y termina siempre convirtiendo la maniobra en una letanía de quejidos, maldiciones y algún que otro derrame de líquido. A mí, sin embargo, desde que salió el invento al mercado, me ha preocupado cogerle el tranquillo. Me he esforzado por encontrar la postura idónea de los dedos para que aquello no moleste y su apertura sea efectiva. Me resulta cómodo. A base de intentarlo he endurecido las puntas de los dedos índice y pulgar y reforzado sus articulaciones.

He aquí cuando llegamos a la raíz medica del asunto: ¿por qué vemos los ilustradores la medicina hasta en los paquetes de "Tetra Brik" y los médicos no cuentan con la ilustración ni siquiera para sus manuales? Mi primer contacto con el problema tuvo lugar hace ya unos años, en un cursillo de primeros auxilios. Un primer vistazo a las materias fue lo único que hizo falta para presenciar la herejía con la que aquellas páginas profanaban un arte quizá más ancestral que la propia curandería. Para que entiendan mejor de qué les hablo me he permitido extractar algunos ejemplos directamente de las fuentes originales, no sin antes prevenirles, haciendo gala de una prudencia que ya perdieron nuestros telediarios, de que las imágenes que van a ver a continuación pueden herir su sensibilidad.

Tengan la amabilidad de observar la fig. 1 y díganme, sinceramente, si encuentran alguna relación entre un pneumotórax ­o fractura abierta en la que el pulmón se comunica con el exterior­ y este fabuloso ejemplar de humano carbonizado con el que se trata de ilustrar dicho concepto.

Un par de años más tarde pude comprobar, en un segundo cursillo, que la sofisticación de los métodos de salvamento para accidentados inconscientes había evolucionado tanto como la liberalidad de sus "ilustradores" quienes, obviando los primeros auxilios, proyectaban en los dibujos sus fantasías sexuales más íntimas (fig. 2).
 
La sospecha de la infidelidad médica devino certeza cuando me saqué el carnet de conducir. El manual en el que se recoge la parte teórica, junto con otros manuales que consulté más tarde, fue determinante para arrojar mi primera hipótesis. Hipótesis núm. 1: Los señores médicos ofrecen las ilustraciones de sus tesis a los componentes más jóvenes de la familia.

Imbuído del mismo espíritu científico que impone a los estudiosos la necesidad de ratificar sus formulaciones, quise comprobar si el problema que había detectado en los manuales de socorrismo podía hacerse extensible a todo el ámbito de la medicina.

Si Hogarth, o el mismo Leonardo levantaran la cabeza, yo no sé lo que pasaría. Por empezar con alguno, el libro "Anatomía para el movimiento" de Blandine Calais (fig. 4) me sorprendió notablemente por la siguiente revelación: al contrario de lo que se venía creyendo hasta hoy, los huesos están pegados con chicles. La figura ilustra perfectamente lo que le sucede a un hueso que intenta separarse de otro: que el chicle se estira. Y lo mismo ocurre en la fig. 5, donde de nuevo se aprecia el "efecto chicle" con reminiscencias de pastelito Tigretón. He de confesar que, haciendo memoria visual y a la luz de cantidad de hijos de doctores que profesan este estilo ³underground médico², he llegado a pensar si no estaremos ante el brote de una nueva vanguardia a la que estoy incomprendiendo, como tantos otros contemporáneos incomprendieron tantas otras vanguardias pasadas.

La "Enciclopedia médica del Reader's Digest", por su parte, nos muestra otra corriente dentro de esta parcela de la ilustración, basada en la línea clara y el punteado. Si bien es cierto que este estilo despeja muchas dudas sobre el modus operandi no lo es menos que da lugar a otras no menos inquietantes. Verbigracia la fig. 6. ¿Es estrictamente necesario contar con la ayuda de unos hermanos trillizos para realizar el rescate de un accidentado con posible fractura de espalda? Dudas como la que arroja la fig. 7, en la que un señor se entretiene haciendo el pino mientras aplica la respiración boca a boca a un accidentado. ¿Podemos prescindir de la filigrana del saltimbanqui?

Quisiera decir, ahora en serio, que no era la intención desmerecer los manuales médicos entre los que, por otro lado, he encontrado muchas y muy honrosas excepciones. Se trataba, más bien, de llamar la atención sobre una irregularidad tan estúpida como la de avisar a un fontanero para que nos haga la permanente. Irregularidad que, en el caso de la ilustración, trasciende el ámbito de la medicina. Pretendía, en fin, dejar una idea en el aire que arquitectos de todas las épocas ya se han encargado de publicar: hagamos de nuestros espacios habitables lo más agradable posible, porque el hombre vive mejor rodeado de armonía. No de molestas representaciones, que en el peor de los casos (fig. 8) pueden trastocar la noción de realidad de nuestros profesionales. ¿Quién no temería a un médico formado con las ilustraciones de este libro?

Gerardo Sanz


 

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