CONVERSACIONES CON PABLITO
- Entrevista a Carlos Giménez

Esto de la mitomanía tiene mucho de problema psicológico grave y poco de pasión a mi entender y siempre había pensado que semejante patología psiquiátrica era más adecuada a quinceañeras o quinceañeros locos por alguna estrella de la canción que a un avezado y enteradillo experto en tebeos como servidor de ustedes. El caso es que a medida que avanzaba por la castiza Atocha hacía la casa de Carlos Giménez, cierta congoja digna de la más acérrima seguidora de Ricky Martin me comenzaba a embargar. A fin de cuentas, me iba a encontrar con el mejor autor español de todos los tiempos según mi particular escala de valores y eso, por mucho que esté ya curtido en estas lides, no deja de ser un acontecimiento importante.

Completamente perdido en mis pensamientos y posiblemente algo afectado por el sofocante Lorenzo madrileño, cuando me quise dar cuenta estaba delante del portal de Don Carlos. Llamo a su puerta y pregunto humilde por Giménez, identificándome. Me abre y subo a uno de esos ascensores casi centenarios de madera con preciosistas artesanías de forja. Quinto piso. Valor y al toro que diría Ibáñez. Carlos abre la puerta y me recibe como un viejo amigo y paso a su estudio. El estudio de Carlos Giménez!...dios mío me estoy comportando como un repugnante friki cualquiera. Pero ser un fan con Carlos es difícil.

Rápidamente y como buen anfitrión, comenzamos a charlar mientras prepara unas copas. Lo cierto es que después de estar diez minutos con él, uno se siente como si estuviera con un amigo de toda la vida. Es una de esas personas con las que da gusto charlar, un tertuliano (no confundir con otras subespecies) de bar en el más puro estilo del Café Gijón. Se ha dejado un bigotito, me cuenta, porque va a hacer un pequeño papel de figurante en la última película de Guillermo del Toro, donde ha colaborado y no puede esconder su nerviosismo de principiante. Llevamos más de media hora hablando de lo humano y lo divino cuando recuerdo que yo venía con el encargo de hacerle una entrevista y la verdad es que de lo que tengo ganas es de seguir hablando con él, más que de una entrevista, pero el deber es el deber y ponemos en marcha la grabadora.

La verdad es que, independientemente de mi admiración, este ha sido el año de Carlos Giménez: ha ganado dos premios del Salón del Cómic de Barcelona, se ha comenzado una espléndida reedición de sus obras. "Es la primera vez que le dan dos premios a un autor y también he ganado el premio del Diario de Avisos, el de Darias...ya se que es un farde, pero de vez en cuando hay que ponerse plumas, ¿no?", me dice. Y la verdad es que tiene razón, que coño, pero aún así no puedo evitar tener la sensación de que la gente se ha dado cuenta ahora de que hay un autor español que es muy bueno que se llama Carlos Gimenez. "Es que no sólo vale que existas, también tienes que asomarte a la ventana para que te vean y, últimamente, entre que yo había publicado muy poco y lo poco sin que nadie se enterase, como lo de La Torre y algunas otras cosas que se distribuían sólo en librerías de libros y no de cómics y entre que en las publicaciones españolas no publicaba y de lo que salía en Francia el lector español no se enteraba, entonces de pronto el hecho de que se publicara en España y, precisamente, esta colección que busca reeditar toda mi obra, tanto lo nuevo como lo viejo, lo que no está  editado editarlo de nuevo... Aunque también es verdad que Joan Navarro se ha preocupado de hacer promoción en los diferentes medios, en los fanzines, en las revistas especializadas, comunicárselo, hacer presentación en Madrid.... y claro, la gente se ha enterado." No sólo eso. Le comento que esa misma semana ha aparecido un artículo sobre él en el suplemento literario Babelia de El País, la primera vez que le dedica un espacio a los tebeos. Me mira con una sonrisa y apuntilla:

- "También es verdad que es el mes de agosto, cuando no hay gran actividad literaria...además otros veranos yo no había publicado nada..."

Carlos comenzó a trabajar hace ya cuarenta años y la verdad es que resulta difícil imaginar qué es lo que lleva a alguien a dedicarse a los tebeos en aquella época, con un franquismo debatiéndose en uno de sus peores momentos económicos y políticos.

-" Yo de niño era un lector de tebeos, porque en esos colegios era prácticamente lo único que había: no había cine, televisión, radio, ni mucho menos teatro... Sólo llegaba este cine de los niños pobres que eran los tebeos, que eran baratos... bueno no muy baratos, porque un tebeo costaba lo mismo que una entrada de cine y a mí me parece que por lo menos en aquella época eran caros. Aquellos tebeos baratos, de continuar  y las revistas como Pulgarcito, Florita y El Coyote nos llegaban a aquellos colegios donde yo estaba y vivía, aquellos colegios internos donde no teníamos más referencias que las propias del colegio dónde estábamos internos, y los tebeos eran una de ellas. Eran muy importantes en aquellos colegios porque era nuestra moneda de cambio: el que tenía tebeos tenía pode..." si me aprecias y no me pegas, te dejo tebeos; si me das un trozo de pan te dejo tebeos", era el poder y también era nuestra fuente de juegos. Igual que ahora los niños juegan a cosas que ven en la televisión, sólo podíamos imitar los modelos de tebeos... había muchos juegos a base de tebeos: las listas de tebeos, nos los sabíamos en orden y había gente que se sabía todos. Era un juego que se hacía partiendo de los tebeos. Para un niño que además le gustaba dibujar los tebeos no eran solamente un juego, eran donde yo aprendía mis lecciones de geografía, de geografía emocional: Maracaibo, las Antillas, la Isla Tortuga, era la aventura, los tebeos de los piratas. Yo me acuerdo que el Guerrero del Antifaz iba a Tanger. A falta de un mejor Félix Rodríguez de la Fuente que nos explicara que un tiburón era un escualo o que un cocodrilo era un reptil, lo aprendíamos en los tebeos. Lo de los barcos, lo de babor estribor, popa y proa lo aprendíamos en los tebeos. No teníamos La Isla del Tesoro, pero teníamos los tebeos de El Cachorro, de El Guerrero del Antifaz. Para un niño que le gustaba dibujar eran además su lámina de dibujo y su proyecto de futuro. "Yo de mayor quiero ser dibujante de tebeos". Si en mi colegio hubiera habido pinturas, a lo mejor hubiera querido ser pintor, o escultor, pero sólo había tebeos . Yo dije "de mayor quiero ser dibujante de tebeos" y de mayor he sido dibujante de tebeos."

La verdad es que cuando me relata esto, se ve lo mucho que ama este hombre los tebeos. Me ha contado su historia emocionándose, gesticulando, interpretando a ese niño que quería ser dibujante y que al final consiguió lo que a mi entender es casi una utopía en ese momento de problemas y sinsabores. "Hombre, lo que pasa es que era un sueño fácil de cumplir, si hubiera dicho que quería ser corredor de bólidos lo hubiera tenido más jodido. Los tebeos no nos olvidemos que es una profesión en la que la mayoría de los que estamos procedemos de los medios económicamente débil, salvo raras excepciones. Los dibujantes de tebeos somos o éramos gente de medios modestos y llegábamos a ser dibujantes los que habíamos leído tebeos de pequeños."

Si nos adentramos en su historia como dibujante, a Carlos Giménez siempre se le identifica con Selecciones Ilustradas, la agencia artística de Toutain en Barcelona. Ya sea por sus trabajos en Gringo o, seguramente, por la imagen del Pablito de Los profesionales, lo cierto es que parece como que la carrera de Gimenez comienza en la Ciudad Condal directamente.

- "No, yo empiezo a dibujar en Madrid, como ayudante de López Blanco. Esa fue mi primera forma de ganarme la vida dibujando tebeos. Y mi maestro fue López Blanco, al que he tenido mucho cariño, con el que no solamente aprendí las cosas de la profesión, también he aprendido muchas cosas de la vida. He tenido la suerte de tener esta gente de la que he podido aprender, como también José Carlos Gracia. De él yo aprendí a leer a García Lorca y entenderlo, hasta llegar a gente como Victor Mora o Armonía de os que aprendí cosas sobre la concepción del mundo, de la política".

"Sin embargo", le comento, " tus trabajos empiezan a ser conocidos a partir de estar en SI, es donde tus obras comienzan a ser famosas".

-"Sí, coincide con un momento donde los primeros aprendizajes ya los había hecho y comienzo a dibujar mis propias historietas. Hasta ese momento lo que había hecho era de otros".

Es la época que nos narra en Los profesionales, esa serie de tres álbumes dónde Giménez disecciona con sana ironía y ternura el trabajo de esos años, donde básicamente se encargaban de series que aparecerían en Inglaterra, Alemania o los Países Nórdicos. "Una época donde todos los trabajos eran de encargo, ¿no?", le pregunto.

-"Eran trabajos que no se consideraban de encargo, porque de encargo era cuando era una revista extranjera que te encargaba historietas para esa revista. Esto se llamaba sindicación, que era cuando la agencia decidía producir una historieta y luego la vendía. Yo hacía cosas de sindicación. Era un trabajo que proponía Toutain. Cuando llegue a SI le enseñé una serie de cosas que hacia que eran del oeste y comencé a hacer cosas del oeste ". Me apunto la corrección. En esa época, Carlos dibuja cientos de páginas con guiones ajenos. Con Manolo Medina en Gringo, con Jesús Flores en Delta 99 y con Víctor Mora en Dani Futuro. Una época donde Carlos va depurando su estilo, aproximándolo cada vez más al actual, hasta que da el gran paso de dibujar sus propios guiones. Un evolución que ocurre poco a poco, cuando se va viendo obligado a dibujar cosas con las que no estaba de acuerdo.

- "En Gringo siempre defendía a los mejicanos y había mucho paternalismo. En Delta 99 los malos eran medio hippies y yo, que era medio hippie, me decía "joder!, ¿por qué los los hippies tienen que salir de malos y los que llevan corbata de buenos???" Siempre existían ciertas cosas, incluso con guiones de Víctor, en las que me planteaba "esto lo hubiera hecho de otra forma". O el guionista decía: "vamos a hacer un homenaje a tal" y a mí no me apetecía hacer ese homenaje... pero como el guión no lo hago yo. Yo tenía siempre una actitud ante mis guionistas, no de rebeldía, pero que no me gustaba la situación. Y la única manera de acabar con eso, como tú no puedes llevarle la contraria a tus guionistas porque la historia la está contando él y no te la puedes inventar, era contarla tú mismo. También era la época en la que el franquismo empezaba a terminarse y todos veíamos que, por mucho que durara, iba a durar poco. Y si no se muriera igual, teníamos ganas de hacer cosas y no esperamos a que se muriera Franco para hacerlas. Esta lucha personal, pensando por ejemplo en Hom, la tenías que hacer tú en solitario porque no le podías decir a tu guionista: "oye tú, quiero que hagas una historieta con unas cosas así o así, que seguramente no venderemos, que seguramente nadie nos la publicar  y que seguramente ser  gratis". Claro, los guionistas te dirían: "pues hazla tú", que es lo que hice".

Uno se pregunta qué hubiera sido de esas series sindicadas si Carlos hubiese sido el que llevaba no sólo los lápices sino la historia. O mejor todavía que pasaría si retomase esos personajes un par de décadas después.

-"Sí, sí lo he pensado muchas veces", me dice, "porque los personajes no son ni buenos ni malos y estas series nunca se acababan, sino que se terminaban porque dejabas de dibujarla. Siempre he tenido como las ganas de hacer el último episodio de cada serie. No sé, es una idea de hace varios años y a lo mejor ahora no me apetecería. Por ejemplo, hacer un Gringo con la concepción que yo tengo ahora de las cosas. Gringo era una serie muy blanda, muy de prototipo, incluso los malos no eran muy malos, eran ogros feos, unos malos muy rudimentarios. Muchas veces he pensado en hacer una historia de Gringo fuerte, todo lo contrario a lo que era, un Gringo mayor, de 50 años, con gafas, con problemas y que tiene hijos a los que sus enemigos raptan. Entonces tiene que vérselas con otros niños y para salvarlos tiene que matar a otros niños. El ejemplo más extremo: imagina una situación donde unos niños van a matar a tu hijo y tienes que defenderlo matando otros niños, una situación muy extrema, una cosa muy cruel, con la conciencia muy por un lado y los sentimientos por otra, muy poco ética, muy poco de "oh mira un indio, me va a atacar, toma! Un indio menos". O un Delta 99, a mi me apetecería hacerlo con humor, con tecnología que falla continuamente o Dani Futuro, un hombre mayor, ya no es un niño... Igual que los años han pasado para mí, que hayan pasado para los personajes para poderlos enfrentar a otro mundo que no es el que vivieron y hacer así una historieta final. Lo que pasa es que no tiene razón de ser porque nadie va a publicarlo". Esta última frase denota cierta amargura que refleja las dificultades que tiene hoy para publicar cualquier autor español, incluso uno de la talla de Giménez. A una persona que vive los tebeos como Carlos, es evidente que le duele hablar de este tema. Volvemos a hablar de sus guiones. Carlos comenzó a guionizar sus propias obras y adaptar clásicos literarios como las novelas de Jack London. De esa época destacan Koolau el leproso, Hom, historietas sueltas como el Miserere o las que conforman Érase una vez el futuro. Historias con una fuerte vinculación al mundo de la ciencia-ficción, un género que sin duda gusta mucho a Carlos: "Es que dibujar ciencia ficción es un lujo, no tienes que tener documentación...Dibujar una cosa de la segunda guerra mundial es un coñazo porque tienes que dibujar cada vehículo, cada arma, tiene que ser como es. Pero tu dibujas la guerra en el planeta Katapum y lo puedes hacer como quieras".

-"Volverías a dibujar temas de ciencia-ficción?"

-"Volvemos a lo de antes: yo hacía ciencia-ficción cuando había revistas de ciencia-ficción. Cuando desaparecen, no hay ninguna posibilidad de volverlas a hacer. Hace tiempo que estoy haciendo cosas de humor, porque era la revista que lo publica es Fluide Glacial. Si hubiera sido de ciencia-ficción, pues a lo mejor hubiera seguido haciendo cosas fantásticas. El hecho es que, dónde publicas, y eso no lo escoges tú, te lleva a hacer un determinado tipo de historias. Yo llevo un tiempo haciendo historias de humor, y ya te digo que yo no creo que hago humor, porque son historias críticas, a veces un poco dolorosas donde el dibujo es exagerado, porque la revista donde publico es de humor". Carlos se refiere a las historias englobadas genéricamente en las series Romances de andar por casa e Historias de Sexo y Chapuza, que han sido puntualmente editadas por La Torre y que ahora ha pasado a publicar Glenat. Se puede decir que se le ve ya un poco cansado de estas historias, algo que se ha visto reflejado en la garra de los álbumes, que ha ido decreciendo álbum a álbum.

Pero de toda esa época, llamémosla inicial, destaca con fuerza España Una, Grande y Libre, una serie de historias cortas de dos páginas que desarrolló para el semanario satírico El Papus. En la época de la transición, las historias de Giménez (con guiones propios y de Ivá) son un duro retrato de la realidad del momento, una crónica de actualidad que supone la primera incursión en lo que podríamos denominar un cómic social y que luego retomaría en Paracuellos.

-"¿Era un momento en el que querías hacer ese tipo de tebeo, cambiar respecto a lo que hacías?"

-"Muchas veces no depende del talante con el que abordas la serie o los trabajos, ni siquiera de lo que te has propuesto hacer. Muchas veces, depende de cosas tan simples como el trabajo que tienes en ese momento. Mucha gente me dice: "jo, es que tu has contado la transición". Yo no pretendía contar la transición, lo que pasa es que en ese momento colaboraba en una revista que se llamaba El Papus, de humor sobre la actualidad. Cada semana me veía obligado a hacer una historieta de humor, o medio humor y, a fuerza de hacerlo todas las semanas, se han contado los hitos más importantes de la transición".

-" Imagino que la manera de trabajar debe ser completamente diferente..."

-"En esta profesión nunca se trabaja con tiempo. Cuando trabajas en una revista de actualidad semanal, nada más entregar tienes que empezar a preparar la próxima historieta de la semana siguiente ¿sobre qué? Pues sobre lo que esta ocurriendo: han matado a uno, hay una huelga, una manifestación. Pero si no estas trabajando en una revista de actualidad,es igual! Entregas el día 10 una historieta y ya empiezas a trabajar en la siguiente. Koolau, por ejemplo, que se ha dicho tan bien estructurada, en tres partes... es completamente casual. Yo empecé a dibujar Koolau con la novela de Jack London abierta y con el lápiz marcando. Cuando empecé a dibujar la primera página, ni siquiera sabia cuantas páginas iba a hacer, porque nunca hay tiempo ...

Giménez comienza a partir de esa época a contar episodios autobiográficos, sigue en una línea de cómic comprometido socialmente, pero cambia su registro para dedicarse a lo que posiblemente sea su obra cumbre, Paracuellos. Pero esta obra tiene una característica que la diferencia fuertemente de la anterior. En Paracuellos se nos narran historias duras, incluso de alta crueldad, pero son contadas a través de la memoria, con el tamiz del recuerdo. Incluso en algún momento me atrevería a decir que tienen un punto de cariño por parte de su autor innegable. "Yo diría que tienen un punto de melancolía", me apostilla, "Paracuellos es más literario que España, Una Grande y Libre, que son historias muy del día, más impactantes".

-"¿Y con cuál de las dos te quedarías?"

-"Si yo te respondo en estos momentos lo haré con arreglo a mi concepto de las cosas de este momento, y ahora estoy más próximo a Paracuellos. Yo creo que, en cada momento, lo que haces te interesa. No te puedo decir que haya hecho con más o menos interés una cosa en una determinada época de mi vida. Recuerdo que he hecho cosas con mucho dolor porque eran cosas que no sabía hacer, como las de romance tradicional, que he hecho muy pocas, pero muy pocas. No me quedaban bien y además yo no lo quería dibujar. En alguna ocasión, muy pocas veces, he tenido que dibujar cosas que no sabia dibujar, o no me apetecía. Incluso cosas como el Gringo, aun no sabiendo, eran muy gratificantes. Siempre lo que he hecho ha sido con mucha dedicación, muchas ganas y lo mejor que podía, cuando yo hacia un trabajo, ese trabajo me parecía muy importante. No te puedo decir que lo hiciera con mas o menos interés. Es como lo de los hijos ¿a cuál quieres mas? No lo puedes decir, quieres a todos."

Lo cierto es que después de este tiempo sigue con Paracuellos, o sea que un poquito más de cariño si que habrá , digo yo. Me cuenta que como no esta colaborando en ninguna revista específica puede dedicarse a lo que quiere sin problemas de longitud, temática. Me enseña lo que está haciendo y lo primero que destaca es que hay pocas viñetas por página, ha recuperado el espacio entre viñetas, ese espacio que según algunos define el punto donde el lector interviene en el tebeo. Aún así este estajanovista del trabajo todavía me dice: "Me da la sensación de que le estoy robando al lector porque solo hago 16 viñetas por página". Le aseguro que no se preocupe, que comparado con lo que se está haciendo ahora da de sobra y con propina y me sonríe sin creérselo. Paracuellos se ha convertido poco a poco en la historieta de la vida de Giménez y de toda una generación. Sus compañeros le dan anécdotas e historias que se encarga puntualmente de grabar y almacenar (este hombre es un acumulador nato, su estudio es una biblioteca-videoteca-discoteca-comicoteca descomunal, perfectamente ordenadita),

-" Conservo muchos amigos que íbamos a esos colegios, nos volvemos a ver y con frecuencia recordamos esos momentos y me he encargado de pedirles a todos que me contasen cosas e ir grabándolas. Al final me he encontrado después de estos años que tengo un montón de cintas grabadas con muchas anécdotas, con datos, historias que sólo hay que contarlas porque son estupendas o son anécdotas que me recuerdan a mi otras, que me despiertan los recuerdos, las ideas. Es un material a utilizar de una riqueza tremenda y seria una pena no hacerlo. Además, dibujar Paracuellos para mí es un trabajo sencillo. Es pesado porque hay que repetir muchos dibujos, pero no me da problemas de documentación, ni de dibujo, ni nada... Son viñetas pequeñas, todas muy parecidas, no disfruto mucho como "gran dibujante" que hace grandes dibujos. Ahí soy el pequeño dibujante que dibuja cosas pequeñitas. Me lo paso bien como guionista que cuenta unas historias que le importan de verdad".

Pese a todo, es evidente que la mirada de Giménez ha ido cambiando con el tiempo. Entre cada álbum de Paracuellos pasan muchos años y eso se traduce en que el planteamiento es diferente en cada álbum. Cada vez que ha contado una historia, busca una nueva vuelta de tuerca y nos sorprende con la siguiente. Si el primero y segundo de los  álbumes están más centrados en la descripción de las anécdotas, de lo que ocurría en el colegio del Auxilio Social, en el tercer álbum de la serie se ha centrado más en el tratamiento de los sentimientos, de lo que sentían esos niños. "Si te fijas me pasa en todos mis trabajos, por ejemplo en Los profesionales. El primero está más dedicado a contar una serie de cosas, la fábrica que llamábamos, en la segunda parte se tocan más cosas políticas del momento que se vivía y en la tercera es en la que hay ternura, la gente de aquellos estudios era gente muy zafia, de bromas pesadas y es en el último donde se ve que también lloran, que se enamoran, que se quieren, que se aprecian. Porque cuando empiezas, lo haces por el principio y, como no esta preparada la serie, haces una y luego otra y nunca sabes lo que vas a hacer la siguiente. Es sobre la marcha, cuando llevas mucho trabajo hecho cuando te das cuenta de que no has tratado esto o aquello y que deberías haberlo hecho. Y esto me pasó en Paracuellos: en el primer álbum yo tenía mucho interés en contar la institución, todo lo que es la denuncia, el niño, la pobreza, el hambre, los malos tratos, la crueldad. En el segundo como ya ciertas cosas estaban contadas, como las historias eran mas largas, me dediqué a contar otras cosas, como la relación entre los niños y entre los profesores. Los castigos ya se habían contado, incluso cuando se castiga a un niño, no se cuenta, se supone que el lector ya lo sabe. Y en este tercer álbum tenía más interés en profundizar en los niños, si tenían madre o no..."

-"Es un álbum más íntimo, se ve enseguida"

-"Sí, y es mucho más literario. En Paracuellos 4, que es lo que estoy haciendo ahora, la familia tiene mucha importancia. Todos esos niños tenían familia, porque no todos eran huérfanos, y aún así, los que eran huérfanos ¿por qué eran huérfanos?. A medida que vas avanzando, te vas dando cuenta de que hay cosas que no has contado. Por eso los álbumes van saliendo diferentes los unos de los otros. Primero porque vas tocando distintos aspectos y segundo porque entre cada álbum hay casi diez años".

 Giménez tiene material hasta el séptimo álbum de la serie. Le pregunto si alguna vez saldrá Paracuellos de los hogares para narrar esa época y me mira con cara de desaprobación: "No, sólo tiene sentido a través de los niños. En el álbum 7 se cuentan cosas que no ocurren en el hogar, pero son contadas por los niños, mezcladas con sus juegos. Lo importante es la dimensión que le dan los niños, no es lo que ocurrió sino lo que cuentan".

Me mantengo firme en mi postura y erre que erre le respondo: "Es una cierta manera de salir, ¿no?", a lo que me responde con una mirada que lo dice todo y que se traduce en un "ser  cabezón...", totalmente acertado.

De momento esto ser  lo que veamos de Carlos, aunque como me dice, "el hecho de que tenga escritos tantos álbumes no significa que lo vaya a hacer, lo único que significa es que están escritos". Otras obras quedan en el tintero, algunas ya dibujadas como Jon s, una obra de protagonista infantil que le ha llevado años terminar y que tiene una difícil salida en el mercado. Jon s es una historia de aventuras infantiles que entronca con el espíritu del cuaderno de aventuras de toda la vida, con Cuto, con los niños aventureros...pero ay!, a Carlos se le ocurrió que los niños son inteligentes y no quieren que les tomen el pelo y su historia es políticamente incorrecta. Los malos mueren y los buenos pueden matar, algo que no se puede concebir en la generación de los pokemones y los burger kings.

Sin embargo, Carlos trabaja ahora abriendo nuevos campos y está trabajando con Guillermo del Toro en su nueva película rodada en España, El espinazo del diablo. Carlos ya había hecho antes storyboards de alguna película y publicidad, pero no era lo mismo, como el dice. En cualquier caso, se me antoja que trabajar en una película y en el cómic debe ser muy diferente, son medios hermanados pero con recursos diferenciados.

-¿Qué diferencias se encuentra un dibujante de tebeos al hacer una película?

- "En ese aspecto yo debo decir que los storys que yo he hecho han sido muy dirigidas por Guillermo. Incluso me ha hecho un dibujo de lo que tenía que contar. Ha habido pocas aportaciones en cuanto a la narrativa, de forma que lo entiendan bien los que tienen que hacer los efectos especiales y todo eso. En cambio, en lo que yo si he colaborado mucho, y con agrado, es darle muchos dibujos sobre los decorados, sobre los escenarios, porque un dibujante de historieta sabe muy bien lo que es un escenario. Un dibujante de historieta tiene una ventaja sobre los ilustradores, porque tiene una idea de la tragedia, un concepto de lo trágico, del humor, de la narrativa, y además sabe dibujar. Son dos cosas diferentes, recuerdo que me lo pase muy bien dibujando una vieja cuadra que estaba preparada para que durmiera un hombre, donde había un camastro, y las cosas que este hombre utilizaba y las que quedaban de la cuadra, se tenían que dibujar muchos trastos, aperos de labranza, monturas y al mismo tiempo la camisa y un perchero y unas escobas. Para un dibujante de historietas no sólo es fácil, sino muy divertido. Para un dibujante normal el sólo hecho de dibujar una silla de montar es un problema "¿dónde tengo la documentación y cómo es?". Para mí es mas fácil, porque mi profesión es dibujarlas de memoria, no me hace falta consultar en libros porque sé como son, y sé dibujarla en la postura adecuada".

Como luego me comenta, una de las ventajas del dibujante de cómics es que no sólo crea espacios físicos, sino espacios de vivencias, dónde ocurren cosas más allá  del puro diseño gráfico de la estancia o el lugar.

Pero pensándolo bien, un autor de historietas puede aportar mucho al cine, el tebeo tiene una serie de capacidades tremendas.

-"Para hacer un tebeo bien hecho, el autor tiene que escribir un guión y escribirlo bien, contar una historia en imágenes, tiene que dibujarlo, tiene que hacer unos personajes que corresponden a una edad, a unos temperamentos, este es un viejo, una chica guapa... Tienes que iluminarlos, tienes que vestirlos: el lord inglés viste así, mientras que la secretaria viste así; tienes que documentarlo: se desarrolla en Inglaterra, tiene unas casas así, un coche de este tipo y está aparcado en la acera en este lugar porque en Londres se conduce al revés. El autor de historietas ha hecho todos los papeles, él sólo, que en una película hace todo el equipo. Ha recortado el bigote y el pelo como el peluquero, ha vestido como los modistos, ha decorado como los decoradores, ha sido los actores, ha sido el guionista, el director, ha sido todo. Un autor de tebeos, que haga bien los tebeos, es un autor que en condiciones de normalidad puede trabajar en una película haciendo todos esos papeles. Yo no sólo puedo hacer el storyboard, puedo hacer el guión, he diseñado vestuarios e incluso peinados. Una persona como yo en el cine vale para muchas cosas. No tengo el talento para ser director, pero yo o cualquier dibujante haría un buen papel, estoy pensando en Be , en Enrique Ventura, en Manfredo Sommer, en un montón de dibujantes que conozco".

Le comento que realmente el cómic tiene unas posibilidades indiscutibles que nadie se preocupa de valorar y me parece que ahí le toco la vena sensible. Afirma con la cabeza y me contesta: "Lo que pasa es que los tebeos son baratos y claro, alguien que hace un tebeo y cobra tan poco, pues no puede ser bueno. Porque los tebeos nunca pueden ser noticia, excepto Asterix. La noticia es que Asterix ha vendido 7 millones de ejemplares de su último número y 7 millones, a 2000 pesetas por álbum... esa cantidad de millones es noticia. Los tebeos tienen esa cosa. Antes, los tebeos estaban destinados a un publico popular, y lo popular es lo contrario de la cultura, ya sabes, la cultura es elitista, sólo la entendemos los listos y lo popular, eso es la gente de la plebe... Siempre ha tenido una mala apreciación y se le ha querido mal, y la gente, cuando ha querido ser culta, siempre le ha dado la espalda a los tebeos". Vuelvo a tener delante a ese gran amante de los tebeos, que realmente se siente dolido por la marginación del medio, no por la de los tebeos que él hace, sino por la marginación de los tebeos que le dieron vida durante su infancia. "En los EEUU, no hay una serie de cómics medianamente importante que no haya sido llevada al cine o a la televisión, y te remito al libro de Coma y Gubern, mientras que en España jamás, jamás nadie ha utilizado un tebeo, bueno sí, recientemente Makinavaja, pero nadie ha cogido un tebeo para hacer una serie. Y eso que España es un país donde el cine anda muy pobre de ideas y hay excelentes tebeos, tan excelentes, que los tebeos de medio mundo los han dibujado los españoles, la mitad de los tebeos americanos estaban dibujados y están por dibujantes españoles. En épocas, la mitad de los tebeos franceses estaban dibujados por dibujantes españoles, casi la totalidad de los tebeos ingleses lo eran por españoles y un gran porcentaje de los alemanes también estaban dibujados por españoles. Pero, mira por dónde, menos en España, en todas partes se aprecian". Poco puedo decir, más que tiene más razón que un santo, aquí nunca se ha apreciado un medio con el que se formaron millones de niños y ese es nuestro problema, ni las bajas cifras de ventas ni la falta de lectores. EL problema es que no se aprecia el medio, en contraste con otros países.

- "Por lo menos en los EE.UU. le dan un valor importante como medio de entretenimiento", comento.

- "No sólo como medio de entretenimiento, sino como algo más. La industria ha llevado al teatro, al musical tantas historietas. La industria del cine ha llevado a la pantalla tantos cómics. La industria de la televisión ha llevado tantas series, de animación o de imagen real que forma parte de la cultura al mismo nivel que un autor teatral, un cineasta o un escritor".

-"Allí no tienen ningún empacho en darle el premio Pulitzer a un cómic".

-"Sí, y tiras como Steve Canyon o autores como Milton Caniff o Al Capp eran tan considerados como cualquier escritor".

-"Y ya no digamos en Francia"

- "Exacto, donde hay museos de la historieta y donde los autores de tebeo han hecho obras de teatro, películas. Nadie se rasga las vestiduras porque de repente un hombre que ha hecho tebeos haga teatro. ¿Sabes lo que pasas aquí? Que la gente de estos medios, los productores de televisión, del cine, la gente de dinero, no ha leído tebeos. Ahora empieza a haber una generación, la de Almodovar, Álex de la Iglesia, Santiago Segura, que si ha leído tebeos y son la gente que no va a tener ningún escrúpulo de hacer algo mirando a este medio". Hago un comentario sarcástico sobre lo que pueda hacer Bajo Ulloa con el Capitán Trueno y asiente. Lo cierto es que, como dice Carlos, en este santo país se han hecho intentos de reivindicar cierta cultura popular y uno de los símbolos maximos de la cultura popular española, el tebeo, sigue siendo el gran olvidado. La cultura oficial deja de lado los aspectos populares, "no es fino leer tebeos", como dice Giménez y el resultado es que nos vemos invadidos por los tebeos de fuera que aprovechan la situación del mercado.

- "Es que incluso a la hora de publicar un tebeo, no se coger  un tebeo español. Mira los periódicos que tienen suplementos dominicales infantiles: buscan que sea manga o que se parezca al manga y, si es un tebeo, que se parezca a Mortadelo y Filemón. Si no, que sea extranjero. La paradoja es que España ha sido un país que tradicionalmente ha exportado tebeos y ahora parece como si no supiéramos hacer tebeos pero si los españoles hemos hecho los tebeos de casi todos los países! Es un medio del que la gente se avergüenza".

- "Es una forma más de incultura".

- "A mí me parece en estos momentos que si tú no te has leído ningún tebeo de Frank Cappa de Manfred Sommer, pues te has perdido algo muy importante, y si tú no sabes quién es Moebius, eres un inculto".

Amén, que es lo que se debe decir cuando alguien deja una conversación cerrada. El resultado de todo esto, le comento, es que estamos perdiendo toda una generación de lectores, los niños, que deberían ser los lectores del futuro.

-"Se ha roto la cadena, no hay editores para este tipo de publicaciones. Las grandes editoriales como TBO, Valenciana, Bruguera o Maga, se hundieron y se ha roto la tradición de lectores, de lectores de editores y de autores. El lector viejo se ha olvidado de que existían y el lector nuevo no sabe que existen, excepto un grupo de aficionados que vive en las catacumbas que son los que frecuentan las librerías especializadas. Cuando mi editor dice que me promocione, pues pienso que no servir  de nada. Si saliese en la tele y la gente dijera "voy a comprármelo", al salir a la calle no lo encontraría porque en el quiosco no lo venden. Es decir, la promoción no sirve para nada porque las tiradas son tan cortas y se venden por unos caminos tan especiales que sólo lo dominan la gente de la catacumba, la gente que es aficionada". Me agrada esa definición de catacumbas, da la idea de un grupúsculo de pocos seguidores que luchan escondidos contra el sistema, no deja de tener su lado romántico.

Las copas están vacías y los ánimos caldeados, por lo que Carlos prepara unas nuevas dosis de sus exquisitos gintonics. Me enseña algunos de los borradores que está haciendo para Paracuellos, sencillamente excelentes y aprovechamos para encarar la parte final de la entrevista alejándonos un poco de la situación del tebeo, y nada mejor que hablar del tema de moda, la dichosa red de redes y la posibilidad de que el papel sea sustituido por el formato electrónico. Carlos se ríe y me contesta:

-"Yo te voy a llevar la contraria desde el principio: no se ha fabricado, no se ha consumido tanto papel como ahora, el fax, el ordenador..yo cuando hago cosas con el ordenador, me quedan unos residuos de papel que sirven para borradores que nunca en mi vida he utilizado tanto. Consumo mucho mas papel en el ordenador que antes."

- "Sí, pero estas nuevas tecnologías dan nuevos recursos creativos, ¿no?"

-"Lo que pasa con el cómic en internet, que en estos momentos seguro que hay gente ya trabajando, es que al momento de estar en internet dejar  de ser cómic, modificar  el medio. El hecho de que lo modifiquen no es malo, pero lo cierto es que ser  otra cosa. A los cuatro días un cómic hecho para internet no será  un cómic, incluso le pondremos un nombre diferente, "tebeonet". Porque es inevitable que si le puedes poner voz o ponerle animaciones al cuarto día, tendremos un procedimiento narrativo diferente que yo creo que ir  a medio camino entre los cómics y los dibujos animados".

En eso tiene razón, ya que las experiencias que estamos viendo son una extraña mezcla entre cómic y dibujos animados pobres. Sin embargo, hay interesantes propuestas como la de Scott McCloud de cambiar la secuenciación, de jugar con el formato manteniendo el concepto de viñeta.

-"Puede ser interesante, pueden salir productos maravillosos y muy dignos, pero ser  otra cosa, otro momento, otras tecnología y por tanto otro medio. Porque, a fin de cuentas,¿qué hace que la historieta sea historieta? Al fin y al cabo son im genes dibujadas... ¿por qué no llamamos historieta a los dibujos de Durero? ¿Por que no tenían textos? Mentira, si que tenían textos de vez en cuando.¿Sabes lo que ha hecho que la historieta sea la historieta? El que esté impresa en un periódico. Yo pienso que si hay que definir la historieta como algo, para mí, lo que entendemos como tebeo es cuando existe la imprenta, cuando existe una difusión popular, masiva, de sacar muchas copias. Un dibujo hecho una sola vez es un cartel de ciego.¿Por qué no llamamos tebeo a un cartel de ciego? Porque se lo llamamos cuando se empieza a publicar en los periódicos, cuando las tiradas son muy grandes, es barato, se reproduce muchas veces es popular. En el momento que los dibujos, con filacteres o sin filacteres, con bocadillos o sin ellos, dibujados primorosamente como Caran d'Ache...los llamamos cómic cuando se imprimen, sacamos muchas copias a bajo precio en papel. Cuando le quitemos el papel, ser  otra cosa, le pondremos otro nombre el que sea".

Su concepción del tebeo me recuerda a la de Eisner, muy centrada en el tebeo cl sico y, en el fondo, yo también estoy de acuerdo. Ese punto fetichista del aficionado que necesita su copia, oler la tinta... algo que se pierde en un cómic electrónico.

-"Es que el tebeo tiene también una cosa importante, el objeto. No es lo mismo un álbum de Glenat que sacarme yo las copias. Es más, ¿qué es lo que ha quedado del tebeo? El coleccionismo. Este tebeo no me los saque de la bolsa de plástico porque pierde su valor. Es el objeto y eso es lo primero que perderíamos si sacamos un tebeo por internet".

Me enseña la versión que tiene de la revista MAD en cdrom, una serie de discos en las que se incluyen todos los números de la revista satírica americana."Me pongo el disco en el ordenador y me hojeo página por pagina y cuando llega una dibujo, saco una copia, o lo amplio, o simplemente una copia de la pagina y la calidad es estupenda..pero si me saco todas las páginas de Mad y las coso con una grapa ,no es lo mismo".

Apago la grabadora, que ya va siendo hora y comentamos la experiencia del lector de tebeos al llegar a ese álbum que tanto le gusta, saborear su olor, sentir el ruido de sus páginas nuevas. Carlos es un amante de los tebeos y eso hace que las experiencias, con años de distancia, sean las mismas. Seguimos hablando de Jon s, su obra no publicada, y de las posibilidades de nuevas series, nuevas ideas. Y me confiesa su nerviosismo ante el pequeño papel que le ha dado Guillermo del Toro, al que se refiere con gran cariño. Es difícil aceptar que hay que irse del estudio de Carlos, su cordialidad y jovialidad y su buen hablar hace que la conversación se pueda prolongar durante horas y que parezca que han pasado minutos. No nos despedimos, nos emplazamos a disfrutar de una buena paella un día de estos.

 

OBRAS

  España Una Grande y Libre

  Esta obra de Carlos Giménez recoge las historietas que publicó desde 1976 hasta 1977 en la revista "El Papus", el primer semanario político tras la muerte de Franco que recogía el testigo de las publicaciones de humor gráfico político como "Por Favor", "Hermano Lobo" o la inolvidable "La Codorniz". Desde poco después de la muerte de Franco a las primeras elecciones generales, las historias que narra Giménez con guiones del fallecido Iv  son una muestra clara de los convulsos momentos por los que pasaba nuestro país en ese periodo conocido históricamente como "la transición". Son historias de un realismo crudo que nos evidencian, por un lado, los terribles contrastes de una sociedad que ansiaba la libertad pero se sentía todavía atenazada por unos terribles recuerdos con los que todavía compartían el día a día y, por otro, la valentía de unos autores que se mojaban y hacían una apuesta clara de denuncia de los problemas que amenazaban el recién nacido proceso político hacia la democracia. Un atrevimiento que les llegó a costar atentados y la muerte del conserje de la redacción de la revista. Cuando analizamos los episodios de España Una, Grande y Libre, vemos el punto de inflexión que marca las profundas diferencias que existen entre el Giménez que hasta el momento había hecho trabajos de sindicación y tímidamente comenzaba sus primeros trabajos en solitario con el que sería posteriormente el autor de Paracuellos. En esta obra, comparte la autoría de muchos de los guiones con Iv , un autor socarrón que impregna a los guiones de un profundo cinismo escéptico hacia la realidad que le envuelve. Sin embargo, cuando es Giménez el que toma el guión, las historias se transforman en verdaderos alegatos de protesta, mucho más dramáticos, en los que se denuncia lo que tenemos a nuestro alrededor. Una denuncia pesimista y descarnada que contrasta con el vitalismo natural de Giménez, naciendo a mi entender una peculiar encarnación del Dr Jekyll y Mr Hyde: Giménez es en la vida diaria un hombre vitalista, alegre y jovial, pero sus guiones están impregnados de un dramatismo extremo, con una visión en ciertos momentos pesimista de su alrededor. Esto lo podemos ver en historias como "Recuerda", "El hombre en el tejado", "País" o "Un muerto, dos muertos, tres muertos...", en las que el autor utiliza el medio como forma de expresar su desesperado deseo de que las cosas cambien. Historias que son más grito de denuncia que reflexión irónica sobre el momento. Y es precisamente este complemento entre la visión de Giménez y la de Iv  lo que hace el conjunto de España Una, Grande y Libre especialmente destacable: tenemos en la misma obra la visión irónica de una realidad que a muchos les resultar  lejana y a otros dolorosamente cercana, junto a la expresión dibujada de las peticiones que se oían en las manifestaciones de la calle.

Encontramos en España Una, Grande y Libre a un Giménez ya plenamente desarrollado desde el punto de vista historietístico que hace uso de esta oportunidad de narrar cada semana una historia para experimentar con todas las posibilidades de discurso narrativo. De forma intencionada o no (la realidad, como bien decía su autor era la necesidad de entregar cada semana una historieta), Giménez busca nuevas formas de narración en cada historia de dos páginas, cambiando a veces incluso de estilo y pasando de un realismo total a un dibujo caricaturesco casi sin solución de continuidad.

Poco más se puede decir de esta obra: cualquier análisis sobre ella queda minimizado por el profundo impacto que produce su lectura y que nos lleva directamente a la época que narra. Si a mi me dejaran, este sería el libro de texto que mandaría para que los escolares estudiaran esa época y sacaran sus conclusiones sobre los sacrificios de anónimos españoles que nos han dado lo que hoy tenemos por doquier y a veces olvidamos: libertad.

  LOS PROFESIONALES

  Si hoy en día le preguntamos a cualquier aficionado recién llegado a esto de los tebeos si conoce autores españoles que trabajen para el extranjero, posiblemente nos dé una serie de cuatro o cinco nombres de esos pocos autores que han llegado a publicar recientemente historietas en la Marvel o en DC. Poco imagina nuestro colaborador que los dibujantes españoles han sido, tradicionalmente, la materia prima del cómic estadounidense, inglés o francés. A la sombra del éxito de los cuadernillos de Valenciana o Maga, nacieron una serie de "agencias artísticas" en los años 50 y 60, sobre todo en Barcelona, que monopolizaron a todos los dibujantes de cómics del país y dieron salida a su producción. Así, casi el 100% de los tebeos leídos en el Reino Unido, Alemania o los países nórdicos tenían un autor español como dibujante y muchos de los tebeos americanos también, hasta llegar al famoso desembarco español en la Warren, causante del tremendo éxito de esta editorial en los 70 (que eclipsó a Marvel y DC, por mucho que los jóvenes lectores de hoy en día se resistan a creerlo). Un nutrido grupo de autores, sobre todo los que trabajaban para la agencia de Joseph Toutain, Selecciones ilustradas (S.I.), comenzó a inundar el mercado americano, donde comenzaron a gozar del talento de los Beá , Font, Usero, García, Auraleón, Fernández, González, Brocal, etc. Autores que en su día fueron famosos y que en los USA brillaban con luz propia y que fueron conocidos aquí gracias a las publicaciones de Garbo primero y luego de Toutain donde se editaba el material Warren: Vampirella, Rufus, Vampus y luego 1984, Creepy fueron el escaparate de estos autores. Una época muy especial del cómic español, que hoy estaría olvidada si no hubiera sido por la peregrina, en su momento, idea de Carlos Giménez de narrar en cómic lo que ocurría en aquellos estudios de trabajo donde los autores españoles parían las historietas que leía medio mundo.

Pero Los profesionales es eso y más. Carlos Giménez retoma el pulso autobiográfico de Paracuellos para contar una parte de su vida, la que transcurre desde su llegada a Barcelona para incorporarse a la plantilla de S.I., y de paso, contar una época de la historia de España y del tebeo español. Planteada inicialmente de una forma paródica, Giménez hace en el primer álbum de la serie (que se publicó inicialmente en la revista Rambla) una genial aproximación caricaturesca a los personajes, que nos presenta como verdaderos expertos en el arte de currar poco y de gastar putadas a los colegas. En este primer álbum, Giménez se centra en la descripción de unos exagerados y desquiciados personajes que malviven con su bajo sueldo bajo las órdenes del peculiar Filstrup, alias de Josep Toutain (en el sentido estricto, fue el pseudónimo que utilizaba para firmar algunas historietas que hizo). Las anécdotas que nos cuenta, hilarantes y exageradas están basadas en hechos reales que ocurrían en el estudio y, aunque se nos antoja siempre que amplificadas por la memoria, son sencillamente geniales. Desde la recepción a los novatos en "La Prueba" a las bromas mas crueles que mente humana puede parir en "La calcadora", las historias nos cuentan ese universo particular y cerrado de la agencia. Sin embargo, Giménez termina este álbum saliendo al exterior y conectando la borrosa irrealidad de la agencia con la dolorosa realidad del exterior en "La cita".

Una vez nos ha presentado el ambiente colectivo de la agencia, Giménez pasa en el segundo volumen, a centrarse en cada uno de los miembros del estudio los "Menéndez", "Tony Tano",o "Mustang", descubriéndonos la particular forma de vida de cada uno de ellos. Son historias que ya no se transcurren preferentemente en el estudio, sino que nos cuentan la extraña y curiosa vida de cada uno de estos personajes. Sin embargo, el álbum termina de forma coral con "La Gran Noche", una histriónica exageración que cierra el álbum con la batalla de mierda más hilarante (y posiblemente única) de la historia del cómic.

El tercer álbum de la serie comienza con un espíritu similar al anterior, centrándose en diferentes personajes pero con un trasfondo más amargo, en el que Giménez busca ahondar más en las esperanzas y anhelos de esos dibujantes. Quizás la historieta que mejor resume la filosofía de "Los Profesionales" se encuentra en esta entrega: "Gente tierna", en la que Giménez nos muestra el lado más humano de sus compañeros, desde sus amores o desde sus anhelos profesionales a las realidades de su vida, que se traducen en esas escenas finales de figuras solas bajo la lluvia esperando lo que desean sus sueños. Una escena que me gusta creer que ejemplifica, con ese No-Do gigante a las espaldas una metáfora de la soledad de la España que todavía no había empezado a ver el final del túnel del franquismo.

Una obra sencillamente brillante donde la maestría de Giménez brilla por todos los rincones.

  Barrio/Rambla Arriba, Rambla Abajo

  En la línea, digamos autobiográfica, de la obra de Carlos Giménez hay dos periodos tratados con mayor amplitud: su infancia, trascurrida en el innoble colegio del Auxilio Social (3 álbumes) y su juventud, desarrollada como meritorio y dibujante de agencia para S.I. (otros tres álbumes). Comparten el carácter de punto final a una y otro periodo dos historias que se hallan entre lo mejor de Carlos Giménez, la escalofriante "Barrio" y la que es la más lírica y coral de sus historias hasta la fecha, "Rambla arriba, rambla abajo".

Prepublicada en la revista de s tira política "El Papus" y compilada en álbum en 1978, "Barrio" es cronológicamente posterior a Paracuellos y comparte con aquella idéntica postura crítica y airada. Comienza cuando Carlines, el protagonista, logra salir del internado gracias a un alarde pelotillero. Conseguido el objetivo, Carlines se reincorpora a su familia y al mundo más ancho de la ciudad de Madrid. En su nuevo ambiente, ir  explorando posibilidades mayores que las ofrecidas en los más de ocho años de internado, pero también comprobar  por sí mismo las duras condiciones de vida de las clases populares de los años 40.

Así, las historias de dos páginas que componen el álbum, y que a menudo se encabezan con nombres propios de los personajes con los que Carlines trata, ir n relatando anécdotas, generalmente desgraciadas, referidas a aquellos y que, en su acumulación, ofrecen un retrato fidedigno y cruel de la España franquista. Carlos Giménez se muestra más costumbrista en sus primeras entregas, como corresponde al momento más esperanzador de su protagonista, y más ácido desde la octava, la brutal "Camisa azul" tras la cual se ocupar  de temas como el chabolismo, la miseria moral, la represión sexual y, en la historia que cierra el álbum, la violencia fascista. No es casual que ésta sea probablemente la más dura de todo el tomo y es que el mundo de Barrio es sin duda más amplio que el de Paracuellos pero, para aquellos que perdieron la guerra, igualmente hostil y ajeno. Como recalcaba Carlos Giménez en una magnífica entrevista, lo más destacado de aquella sociedad era su extrema violencia, violencia que se justificaba por la rigidez del sistema de clases y la represión sufrida. Precisamente, el tema del álbum es el descubrimiento por Carlines de que España es un lugar muy semejante al colegio que padeció en su infancia, lo que explica que el álbum comience en un tono más amable para ir haciéndose cada vez más ácido, y justifica la cólera con que se concluye su lectura. Se trata de una obra maestra, resuelta narrativamente de modo muy semejante a Paracuellos, en historias de dos páginas que llegan a tener hasta veinte viñetas con abundancia de primeros planos y un dinamismo interno que permite una muy ágil lectura, desmintiendo el carácter "mazacote" que a menudo se asocia a las historias ricas en texto y prolíficas en viñetas. Más intimista y menos directamente política, Rambla arriba, rambla abajo, transcurre en la España, aún franquista, pero menos opresiva, de los 60. Se trata de una rara avis en la producción de Carlos Giménez que generalmente tiene sus obras planificas, en mayor o menor medida, desde que las acomete. Aquí, en cambio, Giménez hace una historia romántica de unas ocho página, es de suponer que semejante a las compiladas en su álbum inmediatamente anterior, "Romances de andar por casa" (1986). Pero, ya porque su protagonista era Carlines, ya por el cariño que tiene por aquella ciudad, la historia se le fue de las manos y creció hasta las 30 páginas. Entonces quiso acompañarla con una número de anécdotas que la contextualizasen para completar un álbum, y de nuevo creció más de lo deseado, hasta alcanzar las 70 páginas, resueltas con una narrativa inusual en él, que lleva a Vázquez Montalban en su prólogo a afirmar que con ésta obra Giménez abandona el territorio del cuento para ingresar en el de la novela.

Lo cierto es que al contrario que en todas las anteriores entregas de lo que podríamos llamar la biografía de Carlos Giménez, Rambla arriba, rambla abajo está formalmente estructurada como una historia unitaria, si bien comprende un cierto aire, dado al albur del romance de su protagonista, dulce y patético como los que a menudo relata, va contando infinidad de historias que se suceden en la bulliciosa vida de las Ramblas mientras aquél pasea con su ocasional pareja.

Es un Giménez descomunal que, liberado de la obligación de dar la misma extensión a cada una de las historias que dibuja, se atreve a hacer figurar gran cantidad de personajes que se cruzan entre sí, en un mismo espacio físico, las Ramblas, aprovechando tres paseos por aquellas de Carlines, uno con su amigo Adolfo, un segundo con su ligue Marilyn y el último con un militante antifranquista. Se trata de un verdadero "tour de force", extraordinariamente divertido, inteligente y sentimental, en el que los perosnjaes van entrando y saliendo con naturalidad pasmosa, interrelacionándose y andando como la vida misma, contando unos su historia en una sola viñeta y otros en varias páginas, en un espectáculo narrativo. Leída hoy, sigue destacando la modernidad de su propuesta, el vigor de su trabajo, más caricaturesco que en su trabajo inmediatamente anterior y la libertad que toda ella respira, quizás motivado porque siendo en estos años Carlos Giménez uno de los autores internacionales más reputados, prevé que podrá realizar su trabajo tal y como desee, sin que ello impida su posterior edición. Así, Giménez realizar  esta obra formidable, en mi opinión su mejor obra desde Koolau.

  Delta 99/Dani Futuro

  En la obra de Carlos Giménez pueden fácilmente distinguirse dos etapas. En la primera, Giménez se hace como grafista y narrador, realizando material de agencia fundamentalmente para S.I., trabajando sobre guiones ajenos. Tras asumir la realización de éstos y trabajar para sí en "El Miserere y EL extraño caso del Sr. Valdemar", Giménez realizar  Hom y dejar  de desarrollar material de encargo, a partir de 1974, convirtiéndose en autor completo y siendo a ésta segunda parte de su carrera a la que principalmente debe su enorme prestigio.

Ello no obsta para que el trabajo de Giménez primerizo resulte digno y estimulante, siendo de especial interés para los que disfrutamos viendo la evolución de un talento joven, sin que ello signifique su valor actual sea puramente arqueológico o propio de completistas. Y a él pertenece "Delta 99". Se trata de una historia de ciencia ficción de cierta extensión, estructurada en capítulos autoconclusivos y protagonizada por un agente espacial enviado a la Tierra por una confederación intergaláctica, con el propósito inicial de luchar contra una maciza enemiga de aquella, llamada Peligro.1, y fiscalizar el desarrollo terráqueo sustituido luego por el más gen‚rico de luchar contra el mal.

Cuando su nave espacial se hunde en el mar, el agente es rescatado por otra maciza, ésta una pirata asiática llamada Lu, de clara impronta caniffiana-la admiración de Giménez por el norteamericano se ve en su obra casi con tanta claridad como su justificada antipatía ideológica-. Lu se convertir  en el secundario fijo de la serie, contrapunto a las muchas mujeres misteriosas y turbadoras que hallar  en su camino -incluidos excesos tales como las quintillizas sicarias que pretenden asesinarle-, y enamorada ayudante en que se apoyar  contra diversos malvados extravagantes.

Aunque es comprensible un cierto cachondeo ante semejante argumento, visto desde la óptica actual, lo cierto es que Delta es un producto de su época, no más rocambolesco que las aventuras de James Bond al que obviamente recuerda. Caracterizado por su erotismo suave y por minimizar al máximo las dosis de violencia, Delta tiene valor suficiente para parar como espontáneo un penalti contra el Real Madrid lanzado por el Barça, pese a lo cual trabaja desarmado. Es un trabajo comercial ligero, divertido y, leído hoy, ingenioso y camp. La ingenuidad de sui planteamiento no es en absoluto estupidez y en la tarea de su guionista, Jesús Flores, hay imaginación y un auténtico esfuerzo por homenajear a diversos clásicos, obteniendo una obra personal, dentro de las exigencias del mercado. Respecto de su propia contribución, Carlos Giménez se muestra muy modesto: "lo de Delta 99 no fue idea mía, sino de agente y guionista. Yo simplemente di forma física a los personajes creados y si acaso, un nuevo tipo de héroe de aventuras, colocando al clásico protagonista del cómic de acción los atributos del galán de romance juvenil. Con esto resulto un héroe mucho más moderno".

Lo cierto e que aquella es hoy lo más destacado del tebeo. Hay una enorme distancia entre el Giménez de los gringos primerizos y éste de Delta 99.Las escenas de acción resultan dinámicas y creíble, los rostros son expresivos aunque no tanto como el del Giménez de los 70, el vestuario y atrezzo como insinúa su autor, moderno y atrevido. Los personajes son dinámicos y las chicas, aunque demasiado parecidas entre sí, atractivas. Su narrativa es briosa y clara, mérito éste que probablemente debe compartir con Flores, y este conjunto de virtudes lo que permite es afirmar esta historieta, perjudicada por malas ediciones y pese a lo manido de su idea de partida, como un sólido y digno producto de género.

Pocos años más tarde, Carlos Giménez vuelve a la ciencia ficción con un trabajo mucho más elaborado y personal. Es Dani Futuro, sobre guiones de Víctor Mora. Por culpa de mi mente retorcida, siempre he creído que la génesis de esta historieta se explica en otra titulada "Love strip" de Luis García y el propio V. Mora. En ella un dibujante sospechosamente parecido a Carlos Giménez, harto de dibujar encargos, pide a un guionista, igualito a V. Mora, un trabajo más crítico e ideológico, a lo que accede dándole un guión indudablemente progresista y bienintencionado, pero demasiado amable y descontextualizado para satisfacer al primero, que termina lamentándose de no poder contar sus recuerdos de infancia, en una viñeta dibujada por el propio Giménez que anuncia ya Paracuellos.

Eso es efectivamente Dani Futuro. En él, un Carlos Giménez ya plenamente hecho como dibujante, ilustra con auténtica maestría un conjunto de historias debidas a VM en que el protagonista, un adolescente animoso y positivo, lucha, de nuevo empleando la menor violencia, contra los fanatismo oscurantistas. El despotismo en "Los amos de la psicodelia" o "El mago del espacio"; el capitalismo salvaje en "El planeta de las catástrofes" o el desprecio del medio ambiente en "El fin de un mundo", entre otras plagas sociales.

Al contrario que en Delta, donde las connotaciones ideológicas son inexistente, en Dani Futuro presiden en su integridad la obra, mostrándose en ella la personalidad de sus autores. Aunque la excusa argumental inicial es casi tan simple como en Delta, su desarrollo no lo es en absoluto. Tampoco lo son sus personajes, especialmente el principal, que evoluciona claramente a lo largo de la obra. No obstante, su edición en revistas de consumo preferentemente infantil como Gaceta Junior y Tintín, explica tanto algunos clichés como su falta de acidez. En el primer sentido los personaje que, aunque bien desarrollados, responden a arquetipo: Iris, la chica; Dr.Dossian, el sabio; Capitán repollo y Jorge el Robot, secundarios cómicos, etc...En el segundo hay que decir que la serie, sin ser ñoña, es quizás en exceso risueña, sobre todo en las primeras entregas.

La visión de Carlos Giménez de la serie parece haber mejorado en el tiempo. Mientras que en 1975 decía, con cierto desprecio que "es una serie comercial infantil, autorizada para todos los públicos y en technicolor", en 1981 intentó recuperarla en una edición en cuadernillo que no acabó de funcionar comercialmente y, me atrevo a creer, se alegró de que por fin, en 1998 conociera hasta ahora su mejor edición decida a Forum. Su trabajo en ella es, sobre todo en las últimas entregas, excepcional, prefigurando ya al autor que iba a ser, aprovechando la libertad que le dio VM para innovar en el montaje, mostrando ya su pleno dominio para la gestualidad de sus personajes, elegancia en la composición y cuidado de los fondos. Ocurre sin embargo, que Carlos Giménez ya no quiere preocuparse por el mercado, sino dibujar lo que le pida el pincel. Este nivel de exigencia, junto con el cierto resentimiento debido a problemas de derechos, explica sus iniciales reticencias a esta, por lo demás, excelente serie comercial. Y es también lo que permite que al año siguiente realice una de sus obras maestras, HOM.

   SEXO Y CHAPUZA 6. TALLA ESPECIAL

  "Se folla con prisa, con hambre, con rabia, con desprecio, con odio, e incluso se folla con desgana. Y la mayoría de las veces ni siquiera se folla."

  No es arriesgado suponer que estas palabras, puestas en boca del escritor protagonista de Romances de andar por casa, sintetizan la percepción pesimista que sobre el sexo tiene el propio Carlos Giménez. No, por cuanto dicho personaje parece funcionar como alter-ego (otro más) del propio autor en esa deliciosa reunión de historias. Siguiendo con las especulaciones, supongo que tampoco es descabellado concluir que la serie Historias de sexo y chapuza, de la que Glénat ha publicado recientemente su 6§ volumen, Talla especial, tiene su arranque en el mencionado y excelente álbum.

Tanto en Romances de andar por casa como en los primeros volúmenes de Sexo y Chapuza nos encontramos con un Giménez adulto, lúcido, agrio a ratos, sosegado, siempre mordaz y casi siempre brillante. Aunque Romances data del año 84 y el primer volumen de Sexo y Chapuza del 91 es fácilmente perceptible la unidad de estilo y temática de ambos álbumes y que en ambos se deja intuir lo que podríamos llamar el 5¦ Carlos Giménez. Sintetizando, el 1§ sería el dibujante puro y duro de agencia, autor de Gringo y "dibujador" de cualquier cosa que le pusiesen a tiro; el 2¦ sería el Giménez de la Ciencia-Ficción y la aventura, que encontraríamos en Dani Futuro, Hom, Koolau el leproso e incluso en Bandolero; el 3§ sería evidentemente el autobiográfico, con Paracuellos y Los Profesionales; y el 4¦ el Giménez más directamente político, el más panfletario, el más militante, -y casi me atrevería a decir- el más necesario, el de España, una, grande y libre.

En este análisis r pido y subjetivo (y que acaso entre en contradicción con lo expresado con alguno de mis compañeros), el 5º Carlos Giménez se perfila como un historietista maduro y sobrio, perfecto conocedor de los resortes del medio de expresión en el que trabaja y consciente de sus limitaciones y sus virtudes. Un Giménez que mira su entorno y cuenta historias que ve y oye, un cronista de lo cotidiano. Este Giménez ya no chorrea bilis, sino que se refugia en un sentido del humor agrio y en un cinismo desencantado para hacernos llegar sus reflexiones sobre, insisto, cuestiones inmeditatas, cotidianas, cuestiones no de género. El amor, la vida en la ciudad, el sexo, la amistad, el azar, los encuentros fortuitos, los encontronazos. Cuestiones de andar por casa, que quizá  están representadas de forma paradigmática en esa historia ejemplar que Giménez publicó serializada en forma de tiras diarias en la prensa a principios de los 90, Sabor a Menta.

Pero, cuidado: el apelativo sexo y chapuza puede inducir a error. Giménez no hace pornografía ni erotismo, y al menos en los primeros álbumes de la serie, tampoco busca la humorada fácil a partir de la batallita erótica que termina en anecdota patética. Giménez novela la cotidianeidad y utiliza el sexo como una parte más de ella.

No es así, ay, en el 6§ volumen de la serie, que, después de todo es la excusa por la que se redactan estas líneas. Encontramos en este Sexo y Chapuza 6 - Talla Especial al Giménez menos afortunado de su carrera, con unas historias más cercanas al Óscar Nebreda de El Profesor Cojonciano que al Eisner realista al que recuerdan los dos primeros tomos y, sobre todo, Romances de andar por casa. Esto no debería suponer un demérito para el álbum, pues si lo que pretende es divertir con la anécdota de la chusquería sexual lo consigue con creces. Es más, si alguien busca divertirse con historias que parodien la realidad del ligoteo y sus miserias, le recomiendo vivamente este álbum.

Ocurre, sin embargo, que estamos hablando del autor de Paracuellos y Hom y, quizás por eso mismo, porque el propio Giménez se puso muy alto el listón en el pasado, se le juzga con más severidad que a los demás. Si el autor de estas historias fuese Ibáñez estaríamos deslumbrados, pero corroborar que Giménez se ha vuelto Mortadelo y Filemón cuando había sido Contrato con Dios (y, por favor, que se entienda esta frase en su contexto) es, cuanto menos, decepcionante. Se me ocurre pensar que acaso estamos ante un 6º Carlos Giménez, más despreocupado, que no tiene más pretensión que ser un humorista más o menos eficaz, como ya demostró en La Odisea de Ulises, pero no cuela. Especialmente si consideramos que Giménez simultaneó la creación de estas historias con Paracuellos 3. Historia de sexo y chapuza con mayúsculas es la que nos contó Giménez en Rambla arriba, rambla abajo. Visto así, en un autor con semejante bagaje, las anécdotas de los tres amigotes Edu, Pablo y Leonardo o del castizo Miguel, de tan intrascendentes terminan volviéndose innecesarias.

(Es de justicia recordar que para la realización de Talla especial, Giménez se ha apoyado en las ideas de varios guionistas: José Bellés, Enrique Ventura, M. Fuster y Usero/Serrat.)

  PARACUELLOS

  Dicen las biografías que el hombre este, Carlos Giménez, es un excelente autor de historias de ciencia-ficción y debe ser verdad. Lo demuestra sobradamente en estos tebeitos de Paracuellos: hay que tener mucha imaginación para inventarse esas historietas de niños españoles que pasan más hambre que carracuca. Están muy bien y resultan divertidas, pero, joder, eso no se lo cree nadie, hombre...

Con Carlos Giménez se cumple esa idea que tenemos algunos de que no importan los géneros, sino las historias. Con Paracuellos se cumple esa idea -todavía más marciana- de que la historieta es un medio de expresión en el que se puede narrar cualquier historia de cualquier temática. Carlos Giménez, militante de la historieta, estaba empeñado en demostrarlo y, para ello, hizo acopio de las reservas de bilis que tuvo tiempo de almacenar durante su infancia mutilada y, como el que no quiere la cosa, con disciplina y mala hostia, con lucidez y acritud, se dibujó una obra maestra, el Paracuellos este, que ciertamente a algunos hoy, visto cómo está el panorama, nos parece ciencia-ficción, de lo lejano que nos queda todo aquello. Menos mal que nos queda algún abuelo vivo, para corroborar con sus batallitas que lo que el tal Giménez dibuja debió ser verdad, después de todo.

A renglón seguido, me veo obligado a contradecir en parte una idea expresada en el párrafo anterior, y es que, por mor de la comodidad y el didactismo, suele resultar conveniente meter las obras de ficción (aunque ésta tiene poco de eso) en cajoncitos para que puedan ser evaluadas de una forma más ecuánime. Busquemos, pues, un género en el que meter a Paracuellos. Quedaría bien en eso que se llama, de forma vaga, realismo. Sin embargo, y considerando la raíz profundamente española del tebeo de Giménez no puedo sino pensar en esa subdivisión, discutida y acaso poco convincente, que fundó en la literatura española de posguerra La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela. Y es que, efectivamente, el adjetivo que mejor se adecua a Paracuellos es el de tremendista.

Por si algún despistado no se ha enterado todavía, contaremos que Paracuellos recrea, en forma de historias cortas pero complementarias, anécdotas ocurridas en hogares de Auxilio Social durante la posguerra franquista. Auxilio Social fue una institución creada y coordinada por la Falange y en sus hogares se dio cobijo a una legión de niños huérfanos de guerra o provenientes de familias sin recursos que los entregaban a una obra del estado para su educación y mantenimiento. Los hijos de los derrotados que quedaban en manos de los vencedores. Evidentemente, con estas premisas argumentales, no es de extrañar que en los hogares de Auxilio Social ocurriesen multitud de anécdotas mínimas dignas de figurar en esta historia universal de la infamia que la humanidad construimos día a día. Porque, señores, estamos hablando de niños... ¡Niños! Si la persona que lee estas líneas es alguien sensible a quien le resulta indignante comprender lo que supone una disciplina militar proyectada sobre adultos o sobre aprendices de adultos, que imagine ese tratamiento aplicado sobre niños y comprenderá la rabia y el asco que desprenden las páginas de Paracuellos. Para amargar todavía más la poción puede añadir usted la precaria situación en la que se desarrollaba la vida en los "hogares" -privaciones de comida, de agua en verano, precariedad en la higiene y en la atención médica, abusos de poder sobre los niños, palizas, etc.- y, sin demasiado esfuerzo, llegará usted a la náusea.

En ese caldo de cultivo se crió el niño Carlos Giménez, que luego sería dibujante de tebeos y que vivió allí entre los 5 y los 13 años. En el fondo, lo tuvo fácil Giménez para levantar esa cordillera de viñetas que es Paracuellos. No necesitó más que valerse de los recuerdos acumulados durante tantos años de miseria y privaciones. Paracuellos no es un ejercicio de imaginación, sino de memoria. En ese sentido, los que no hemos tenido la suerte de pasar hambre y calamidades, no podemos evitar sentirnos un poco ridículos a la hora de trasladar al papel nuestras propias biografías. Pero ése es otro tema.

Digo que historietísticamente hablando, Paracuellos es una cordillera impenetrable. Y lo es no sólo por lo que se cuenta, sino por cómo se cuenta. Carlos Giménez no tiene reparo en confesar que Paracuellos está novelado. Es decir, que no hay nada al azar en su traslado de recuerdos de la memoria al papel del tebeo. El lector desprevenido que se acerque al primer volumen de Paracuellos como si de un tebeo más se tratase, se sentirá devastado por la dureza de los hechos que allí se relatan, sí, pero también por la afilada crudeza con la que son expuestos. Giménez es un animal historietístico, un narrador trasparente, con una concepción del discurso viñetero perfectamente asimilable por cualquier lector, incluso por los "analfabetos" historietísticos. En ese sentido, que tengan cuidado los sensibles de estómago cuando se enfrenten a la densidad arrebatada con la que están descritos los hechos narrados. En Paracuellos 1, los episodios están dispuestos en una composición mínima de dos páginas que funcionan a modo de rápidos latigazos en la conciencia del lector que (fue el caso de quien esto suscribe) se ve obligado a detener la lectura de vez en cuando, asfixiado por la densidad y la crudeza de lo narrado y por la forma de narrarlo, asfixiado de estar asomándose al horror dibujado con tanta nitidez. Paracuellos 2 y 3 funcionan a un nivel diferente, con historias más largas, de 4 o hasta 6 páginas, que dulcifican un poco la forma, aunque el discurso siga siendo igual de pavoroso. Metaforizando podríamos decir que el primer libro de Paracuellos es el edificio del castillo y el segundo y el tercero las murallas que lo rodean. Y que la trilogía en su conjunto, que le ha llevado a Giménez más de 20 años levantar, constituye un tremendista boceto garabateado del horror.

No quisiera, sin embargo, resultar parcial en mi apreciación de Paracuellos, la trilogía. Es cierto que también hay mucha ternura en sus páginas, ternura que conmueve cuando Giménez describe las relaciones entre los niños; ternura que se desborda en su máxima intensidad cuando Giménez dirige la cámara hacia el niño que ha salido de los hogares en Barrio, en un memorable pasaje de 40 viñetas solucionadas a base de primeros planos consecutivos del niño que ha regresado al hogar, después de su dilatada temporada en el infierno. Un niño sentado a la mesa de su casa que come y come sin parar, que se pone rígido cuando suena un silbato en la calle que le recuerda situaciones pasadas en los hogares. Un niño que, una página después, en uno de los pasajes más emocionantes que el cómic ha dado en toda su historia, se deleita mirando moverse las manecillas de un reloj, cuyo funcionamiento no sabe interpretar porque no había relojes a la vista de los niños en los hogares de Auxilio Social. Pero Barrio, siendo la prolongación natural de Paracuellos, es otra historia. Hablamos en estas líneas de Paracuellos. Hablamos, pues, de Historia en mayúsculas de un medio de expresión. No es arriesgado afirmar que los niños flacos, famélicos, de pantalones cortos y cabezas rasuradas, de ojos gigantescos y sinceros de Paracuellos son iconos imborrables en la Historia del tebeo mundial. Feliz es, por tanto, la iniciativa de Ediciones Glénat de recuperar en un formato a la altura de las circunstancias las obras completas de Carlos Giménez.

Reseñas de Valentín Vañó, Vicente Sorní y Álvaro Pons

Entrevista de Álvaro Pons

 

 

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